La Obra de la Barragana

Risas, fibras desbordadas... y lienzo!
Criticada, amargada y enterrada entre colores y paletas,
suplicaba imperiosa la decrepita obra,
era tiempo ya, el artista había dejado de crear
o en un giro del destino, la obra hizo al artista.

 

La Galería fallecía,
humedecida entre pesares
y confeccionada con tela de arañas,
vivía ensimismada la pared
vacía, sin causa, sin coincidencia.

 

Servía las copas con acompasado sentir,
admiraba los marcos sin vida,
y exclamaba al tintinear del vidrio,
la belleza de la muerte,
un deseo contemplado y un flash que despertada pulsaciones.

 

Sólo negro, sólo espeso,
el acelerado ritmo de los violines
dilataba su pupila con abultada precisión,
cánticos angélicos aturdían el tímpano
desesperado el pincel,
ahogaba sus penas con desgarradores trazos.

¡Alma es lo que necesita para salir!
¡Lienzo que emancipaba sentires!
apurado el corazón,
desesperado el sentimiento,
infarto!, angustia!, ansiedad!
exasperada la carne,
arrancada la vida.

 

Se vio entre los espejos,
adormecido sobre el pecho,
el artista fatigado,
consumido,
emborrachado,
y el cuadro terminado,
aquel recuerdo infernal,
...la Barragana de su lecho.

Esquéletor y el Santo Malandro: I

"Los esqueletos te dan la bienvenida,
  a una fiesta de muertos llenos de vida (...)" 

Juro y recontra Juro que no quería morir. De no haber andado quemando el tenis ese día, el perro no se hubiera enamorado de mi. ¡Ay Mi Cachita, Ay Mi Cachita!, ¿Cómo me vienes hacer esto?.- Si tuviera ojos, seguro me saldrían lágrimas. Este recuerdo de no haberle dado el beso a Cuquita, ¡mi primer beso!, es más duro que estar metido en la quinta paila del infierno. ¡Ay mi Cachita, Ay mi Cachita!.  

Y te cuento que el endemoniado ese, anda por ahí, meneando su cola como si nada, tan descarado que de vez en cuando viene y se caga sobre mi tumbita. Tan come mierda el perro ese. No tuve la culpa de salir apurado y no dejarle comida, pero el chau chau como que había amanecido con el moño virao y me tiró un mordisco en la pantorrilla que me desgarró una arteria, me desangré como un cochino. ¡Tan bonito yo chico!. Y ahora míreme, puro huesito. Tan flaquito, que ya no me queda ni carnita, no tengo ni estómago, ni siento frío ni nada, hasta la pinga la perdí. Si Cuquita me viera, saldría corriendo. No tengo ni lengua para hacerle cosquillas. Y de verdad, no sé por qué estoy aqui.

¡Ay mi Cachita, Ay mi Cachita, Ay mi Morro!. Si me sentara ahorita por allá por el Malecón, seguro me dividirían y venderían mis adorados huesos para meterlos en un caldero. Quizás, otros saldrían corriendo al ver mi esqueletico parlanchín y danzarín. ¡Por fin sería una celebridad!. "Ay mi Cachita, Ay mi Cachita, Ay mi Cuquita!. Mi Cuquita y sus labios rosados, llenos de carnita, con esas nalgas habladoras que decían "pa ti, pa mí". Mi Mulata bella, como te extraño, como deseo haber saboreado tu lengua, y beberme tu saliva. Si tuviera el chorizo colgando entre mi pierna, seguro lo tendría duro con tantos deseos. 

Oyéme mi hermano, a ti como que Se te Murieron los Siete Enanitos, la Blanca Nieves, el Lobo y el Leñador. Discúlpame el francés, pero tengo que aprovechar que aún estas ahí tieso. Y te Juro que me estoy riendo, pero no tengo expresiones.

"Danzan los esqueletos. Sin apegos, sin belleza ni verguenza Sin ojos, sin pelo, sin piel ni pellejo. Sin músculos, corazón ni cerebro. Exceptuando los huesos, Todo se pudrió en el suelo"

Es que aquí no puede uno morirse en Paz.- Replicó el cádaver dentro de la fosa. 

¡Ay Cachita por Dios!.- Gritó el Esqueleto, mientras corría por el cementerio. Se escondío detrás de una lápida y observó al Cadáver salir de su fosa. El Muerto se sacudió el polvo de la franela y se limpió los ojos, mientras soltaba un largo bostezo. 

- ¿Quièn anda ahì, quien me hablaba?.- Dijo el Cadáver. 

El Esqueleto tomó su cabeza con las falanges y lo alzó por encima del hombro mientras tartamudéo: "Oyéme Chico, soy yo, aquí adelante":  El Muerto viviente miró a su alrededor pero no distinguió a otro igual a èl. No te veo.- gritó. ¿Por què te escondes?. 

- Nunca había visto un muerto.- Dijo el Esqueleto mientras salía de su escondite. Cuando el Cadáver lo vió, corrió despavorido saltando las lápidas, dejando a su paso, los brazos, las orejas, los dedos y uno de sus pies. 

Este tipo si es come mierda. Dijo el Esqueleto sentándose al lado de la tumba del muerto viviente, contempló una botella de Ron a medio tomar, un cigarrillo, una estampita de María Lionza y la foto de una mujer japonesa desnuda, blanquita, sin ningún tipo de vello en el cuerpo. Su vagina era como una Bemba colorá. 

                                                     "Danzan los esqueletos... Danzan a través de los tiempos" 

¡Ay Cachita, Ay Cachita!,.- Y dicen que en este País no hay carne, lo que no hay es lata pa´envasarla.  

CONTINUARÁ.

Verso Espectral


I ENTRADA

Una mujer hizo contacto, me pidió intercambiar mi alma.
 
II LA ENTREGA

Me preguntó: ¿Te atemoriza sentir la energía?; respondí que no. Enseguida, una gélida caricia tocó mi pierna.

 

III MIEDO

La verdad es que sus pasos me aturdían, se clavaban en mis sentidos como filosas garras… sus palabras eran gruñidos salvajes que despertaban el pánico en mis venas. Su negra cabellera, era un juego macabro que invitaba a devorar los más infames deseos… sus manos, tan toscas, tan suyas, frías y torpes, ahuyentaban cualquier esperanza de estar en Paz.

 

IV ENSUEÑO

Noche tras noche le veía pasar, su sombra alucinaba demonios y espectros ilíacos; despertando de entre un soplido, agitaba las sábanas, mientras hilvanaba sueños lejanos. Su respiración se entrecortaba, y su aliento, perverso y humillante, parecía escapar a borbotones de su alma, o quizás, era su alma misma queriendo escapar.

 

V LUJURIA

Sentía su cuerpo desnudo y lo estremecía al compás de un aire nocturno, sus manos engullían con fe el escapulario dorado, luces irradiaban las cuentas, manos trenzadas al viento, gritos de ahogo, canto de alabanza, fiesta de Diosas… La Luna, La Madre, La Estrella,  y Él, la oscuridad, tan viril, tan infernal, tan hambriento.

 

VI PASIÓN

Devoró su cuello y casi ni lo sintió. No dolió, le hizo gimotear de dicha, le dejó el hambre en sus labios, la agitada pasión se alojó en su entrepierna y le llevó hasta lugares inimaginables… era el sabor de la muerte, del alma, de la vida eterna. Dilató sus pupilas y dejó entrever el rojo escarlata que iluminaba la trémula piel, no escatimó en esfuerzos y se contuvo.

 

VII FIN

Una mujer hizo contacto, me pidió intercambiar mi alma.

Santurrones de los Últimos Días: VI "El Final".


"A los mormones sólo se les pide ser buenos, y él quería ser bueno. Pensaba que la Iglesia Verdadera, sería simplemente la obediente a las cosas buenas y virtuosas"

Corría, sin rumbo, sin contener el llanto, con la respiración acelerada y con la maleta casi a rastras, no pensaba en más nada. Me esforcé, di mis mejores años años para ser perfecto ante los ojos de Dios. Yo mismo quería ser un Dios. Culminar mi misión, casarme y procrear muchos hijos. Ahora todo eso era imposible, me he dado cuenta que mi vida ha sido una estúpida fachada. Lancé el arma con la que acababa de dar muerte a mi Padre y seguí corriendo. En el camino, me despojé de mi insignia de "Elder", de mi honrosa corbata y mi camisa blanca. Descubrí que la ropa mágica, en realidad no lo es, no hará que mis hijos sean amarillos o tengan súper poderes. Ahora comprendo que el único legado que me ha dejado el profeta Smith es el del sexo. Hacerse llamar "Santo", mientras te devoran la piel en una orgía, es la más indigna hipocresía de la profética doctrina de la Moral. Con tan sólo dos disparos, mi Llamamiento había culminado. 

Finjo que no estoy dolido y voy por el mundo como si estuviera divirtiéndome. Las sonrisas en mis fotografías me dicen que aún soy joven. Ya no estoy en llamas. Voy superando el invierno que había en mi vida, he entendido que a veces se necesita conseguir todo lo que se anhela en la vida, para luego perderlo y saber lo que es la libertad. Sigo corriendo, sin rumbo y sin Dios de mi lado, dejo estelas de lo que fui, soy un maestro del disfraz, me coloco la máscara de acuerdo a la ocasión. Al fin y al cabo, la Iglesia me enseñó que a las personas hay que saberlas utilizar, de eso se trata de todo, no hay amor, no hay sentimientos, sólo somos objetos, robots, santos, que estamos para manejar y ser manejados al antojo de otros. Sigo corriendo, predicando que soy bueno, que soy Mormón y que soy digno.

Padre Celestial, te pido por mi mente desecha. 

Seguramente el Obispo iba en camino al cielo, celebraría su entrada al paraíso con los lingotes de oro traídos por los Lamanitas, entonando cánticos en honor al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo. En la tierra, la Reina del Bondage profanaba su vagina con los largos y delgados dedos que nacían de sus manos libidinosas. La sangre había traspasado la ropa impregnando su pecho, cuya erección era deleitada por una juguetona lengua que se extasiaba de sí misma. La Ninfómana, sucumbió ante el cosquilleo que adormecía sus muslos y el delgado cuerpo tuvo varios espasmos, que se acompasaron al son de los gemidos eyaculados por sus labios. Dormida sobre una bandera Americana, la Dominatriz lamentó la muerte del Líder Mormón, quizás el único hombre que la había amado, desafiando a la doctrina y, tal vez, al mismo Dios. Su vagina estaba exhausta, pero las convulsiones de placer, la obligaban a no parar, una y otra vez cruzó el umbral de la pasión y de lo racional, en segundos, fue más allá del sol, se entrevistó con el Profeta Smith y volvió a la tierra, encinta de hijos de color azul. 

"Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho". Juan 14:26

El día había llegado, la mujer sería bautizada. Escogió para su inmersión a los dos misioneros que habían estado visitando su casa. Debajo de su ropa, llevaba el Garment que la protegería de la indignidad. En su vientre, una almohada asemejaba al feto bendito que, en su locura, había sido sembrado por el mismo Profeta a través de la penetración y del gozo de un acto carnal y sexual, con todos sus sudores y sabores. Joseph se había convertido en su mejor amigo, ya no necesitaba a nadie más, se tenían el uno al otro, o por lo menos, su cuerpo hambriento eso deseaba. Se divertían cada noche, bailando y agobiándose bajo la luz de la luna, se sentía bien. En las oraciones, los Mormones pedían al Padre Celestial por su mente desecha. 

"Dios Tenía una obra para mí". Historia 1.30-54 J. S.

Delante de la mujer del Obispo, se presentó un ángel de cabellos dorados y túnica blanca, en su espalda colgaba una trompeta de sólido oro. No temas, le dijo con voz fina, soy Moroní, el Hijo de Mormón. Habrías de permanecer muerta por tus pecados. Tienes sobre tus hombros una carga de culpa imposible de llevar, has ofendido el nombre de Dios al quitarte la vida, te has hecho culpable de todo. Sin embargo, te justifico por tu Fe en Jesucristo. No te preocupes, en realidad, el dolor y el sufrimiento, el triunfo y la grandiosidad de la expiación ha tenido lugar en tu hijo varón. Toma mi mano, te llevaré a conocer la promesa de nuestro Padre Celestial. 

"Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz."
2º Corintios 11:14


El Cuerpo Etéreo de la mujer ascendió. Miró los ojos de Moroni, no tenian ningún tipo de expresión, parecían vacíos. Sobre sus pies, planchas de oro hacían las veces de alfombra. El aire era de color gris y grandes troncos con hojas verde azuladas rodeaban el lugar, muchas enredaderas colgaban desde las ramas de los árboles, no había nadie más, sólo ellos dos y el silencio. Sintió miedo, pero el ángel leyó sus sentidos y le sonrió. Seguían flotando, al final del camino, los vió: Estaban todos sentados a la orilla de una laguna de color púrpura, los perros podían volar por los suelos y los caballos caminaban sobre el agua sin hundirse. Habían más de mil hombres y mujeres, todos hablaban en lenguas extrañas, que poco a poco fue comprendiendo, vio el reflejo de sus manos, su piel ya no era como la recordaba, ahora su carne estaba teñida de amarillo y azul. El ángel le informó que había llegado a su hogar, junto a los Lamanitas. Corrió para beber del agua bendecida, pero al llegar a la orilla, los hombres se le abalanzaron encima y sujetaron sus pies y manos, del agua salió un gusano gigante, con cabeza de dragón y ojos llenos de fuego y una boca enorme, como de pez que vomitaba sobre ella serpientes albinas que se hundían en sus ojos y en su ombligo. Volteó suplicante, sin comprender la situación, implorando ayuda a Moroní, pero su rostro ya no era amigable, sus manos no eran blancas y la trompeta se derretía con el vapor del fuego. 

Aquí estamos los que fuimos rechazados por los Santurrones, gritó el Ángel, cuya voz, había cambiado, era gruesa y desafiante. Aquí estamos los de los últimos días. Los indignos, padeciendo de la promesa del Padre Celestial, del infierno al que tanto nos han hecho temer. De nada sirve la Moral que predicas, sino practicas la Fe. Te hiciste llamar "Santa", pero actuaste como Dios al disponer de tu vida. Este es tu castigo. Se dio media vuelta y acto seguido, apareció petrificado sobre la cúpula de una edificación. 

Todos los demás bailaban al son de un estruendoso sonido que provenía del bosque. Una brisa fría recorrió el lugar y la mujer fue devorada una y otra vez por la bestia.

En la capilla, se escuchaba casi al unísono, la voz de los misioneros que decían: 

"Por la Intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén".

FIN.


Nota del Autor: Esta es una historia de ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Los personajes que aparecen en ella son del imaginario, no representan estereotipos religiosos.

Santurrones de los Últimos Días V.

"La Muerte no es el final".

El día de la Independencia había llegado. Los fuegos artificiales se confundían con el sentimiento de dolor que acompañaba al cortejo fúnebre. En el descapotable que guiaba la marcha mortuoria, se dibujaba la triste figura del avergonzado Obispo, a su lado, no tomaba su mano la inocente Antonella, su llanto era enjugado por aquella mujer que año tras año, se encargó de azotar sus desaliñadas nalgas a través de la mágica ropa de Mormón. No era el dolor lo que apuñalaba sus latidos, era la indignidad de Brenda y la forma en que había decidido poner fin a su vida, desafiando las leyes de Dios. No había aflicción, sino vergüenza. Todo estaba más que claro: El Amor nunca fue suficiente. 

"Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados"

La reina del Bondage llevaba entre sus brazos un ramo de rosas rojas. Su vestido gris y sombrero de medio velo, eran también una oda a la oscuridad del alma. Ella no había elegido ser la dominatriz del Obispo Mormón. Con mucha Fe rezó cada día las Ave Marías y Padre Nuestros que le fueron impuestos en el Catolicismo, se hizo de la bendición del Ángel Moroní, y ofreció sándalo y frutas al Dios Shivá, todo con tal de encontrar la Salvación, pero más pudo la carne. La lujuría era el pecado que carcomía sus entrañas, su vulva estaba henchida de dolor y hambrienta de placer, el semen se había convertido en un infecto líquido que goteaba por su piel y deleitaba su paladar. Sus manos pálidas, como de Serafín, tenían la maldición del látex. Todo había sido culpa de la ropa interior mágica, esa desgracia de algodón que había sido creada para que los Santurrones de los últimos Días no pudieran procrear hijos con el sello del pecado.  

Ahora iba del lado del Obispo, a la luz del sol y a expensas de la mirada de cientos de misioneros. Tan digna como la Prima Dama, pero tan sucia como una prostituta. 

   "A un pequeño número de personas se les negará cualquier parte del cielo y se les enviará a la oscuridad eterna para vivir con Satanás"

El Gobernador, en favor de las enseñanzas y los consejos espirituales que había recibido de una de las familias modelo de la Iglesia, hizo todos los preparativos para que la caravana lúgubre recorriera las calles, en donde los Misioneros rendirían honores, como si de una celebridad se tratara. Algunos se acercaron al féretro y lanzaron rosas blancas; otros, los curiosos y los más tímidos, sólo dedicaron miradas de respeto detrás de los arbustos. Al dar la última vuelta que conducía directo al Cementerio, se escuchó una detonación que espantó las aves que anidaban en la vegetación cercana. 

Fuegos artificiales recordaban que la Nación era libre. 

Otra detonación, y el cuerpo del Obispo convulsionó, del cuello salía un hilo de sangre que ahogaba sus palabras. La mujer, cuyos guantes ya estaban teñidos de rojo, soltó las rosas y emitió un grito desesperado. Inmediatamente, otra detonación destrozó el cráneo del hombre, cuyo tronco cayó, casi como un títere, sobre el regazo de la amante. Ella apartó el cuerpo y trepó sobre la maleta del descapotable. A su alrededor, la gente corría confundida. El auto aceleró por la avenida estrellándose contra la cerca del camposanto. 

Dos misioneros rescataron a la desesperada mujer, mientras que su vestido gris, celebraba varias pinceladas rojas. 

Dios tiene formas misteriosas de iniciar y terminar vidas. El Obispo, había sido reprobado por Jesucristo, en la solemnidad del acto fúnebre por el suicidio de su esposa, se hizo acompañar de la infamia, había visitado el Jardín de la Maldad, no había escapatoria, alguien se encargó de hacer justicia. Sus ojos, llenos de invierno, quedaron sellados. Seguramente, ya habría cruzado el largo camino hacía el Paraíso oscuro. 

"María, reza el rosario por mi mente deshecha". Gritó la Dominatriz.    

Santurrones de los Últimos Días IV

"La vida mortal es un don de Dios. 
Viene por voluntad divina, y ha de durar por el tiempo que decreta Dios"

Dios tiene formas misteriosas de actuar. Queda claro que la esperanza es algo que no puedo reinventar. Un día va y otro viene. Pero mi espíritu sigue hundiéndose en la oscuridad. Cuando pierdes las ganas de vivir, te vuelves indigna ante los ojos del redentor. Ya no me valen las profecías, ni las enseñanzas del Obispo, ni siquiera las prédicas de mi marido, he perdido la Fe. Mi fortaleza ha sido reprobada, la existencia eterna del hombre me ha sido negada. 

“Todas las cosas que han sido dadas por Dios al hombre, desde el principio del mundo, son símbolo de él”.
Decido escapar a las pruebas de Dios. El asco invade mi vida. Razón tenía Moroní cuando le inculcó al profeta Smith no unirse a ninguna religión, porque todas las religiones y credos eran falsos y todos los ministros eran corruptos y una abominación ante el Señor. Eso era así, mi esposo se había convertido en una ramera con doble moral, un sádico amante del Bondage cuyas manos estaban marcadas por la hipocresía y su piel, su fastidiada y arrugada piel, maloliente de deseos e impregnada de líquidos carnales infectos, repulsivos e intolerantes a los ojos de la Iglesia, eran sólo eso, carroña para la lujuria.

Me tendí en la cama, volví a recrear la imagen de mi cuerpo inherte sobre las sábanas, la cabeza cubierta con una bolsa plástica y mi respiranción pausada que se convertía en agonía. ¿Me dolerá la muerte?, ¿Seré perdonada por Dios?, ¿Cuàl serà la impresión de mis hijos al encontrarme en ese estado?. Quería castigarlo a èl, a mi esposo, ese inmundo religioso que nos había arrastrado a una Iglesia cuyas bases estaban construidas con arena del desierto. 

Había enviado a mi Hijo a convertirse en Misionero. El áspid del fanatismo estrangulaba su esperanza, ya no era posible ser un Hombre libre. Un "Elder" no puede soñar más allá de las doctrinas. Debía vivir con la promesa de viajar a la luna y compartir enseñanzas con los milenarios seres de más de un metro ochenta. Perdóname padre, porque he pecado.

Rechazo el mensaje y seré destruida. Seguramente mi alma quedará en off cuando cruce el umbral. Ya no beberé de la miel de la eternidad ni veré mis ojos reflejarse en cálidos lingotes de oro. Me paré frente al espejo, toqué mi cuerpo, miré mi cabello desarreglado y pensé que necesitaría ir a la peluquería. Quité cada uno de los broches del vestido verde turquesa que cubría mis partes y poco a poco fui despojándome de la humanidad, quedé parada con mi Garment, mi mágica ropa interior que sólo ha servido para que mi esposo me rechace cada noche. Volví a levantar la mirada, no pude contener el llanto al mirar mi reflejo, demacrada, vieja y sin retorno. Asesté un golpe contra el espejo, descargué mi rabia de un solo ataque, dos hilos de sangre corrieron por mis delgadas manos. No había dolor, sólo un resentimiento feroz que incendiaba mi alma. 

Las tinieblas cubrían la habitación, cómo cuando Cristo murió crucificado. Tomé entre mis manos un filoso trozo del espejo, lo usaría como un puñal. Al fin escaparía de mi vida, tan rápido como una ràfaga de viento. Mi corazón se derrumbó y no fui capaz de cuidarme por mí misma. Estoy decidida a cambiarlo todo, sacrificando mi propia vida para ello. Me despojo de mi humanidad para vencer a la humanidad. Abrí los ojos, respiré aceleradamente, tomé el arma que había improvisado y rasgué mi cuello. En una milésima de segundo, recordé mi infancia, mi adolescencia y mi vejez. Acto seguido, se apagó la Luz. 

Perdóname Dios porque he pecado.  

"(...) el juicio es del Señor; el conoce los pensamientos, intenciones y habilidades de los hombres; y Él en su infinita sabiduría hará que ha su debido tiempo, todas las cosas estén bien..."


Santurrones de los Últimos Días III.

“Y los élderes de la Iglesia, dos o más, serán llamados... "



Estaba en misión. En el bolsillo derecho de mi camisa, llevaba oculta la fotografía que nos tomaron, a mis padres y a mí, en el aeropuerto como recuerdo de la despedida. Me esperaban largos días de sacrificio, pero iba en busca de mi paz, de mi vocación y de la Bendición de Nuestro Señor  Jesúcristo. Miré por la ventanilla del Bus que me trasladaba a la calurosa ciudad donde predicaría la palabra, por que mi sueño era servir a Dios, recibir la plenitud del sacerdocio y obrar a favor de los vivos y los muertos. 

Al terminar la misión, debería casarme. Con veintiún años, ya debía tener bajo mis hombros la responsabilidad de conducir un hogar, al lado de una esposa amorosa, fiel, atenta y creyente. Debía procrear hijos, a los que educaría siguiendo nuestras doctrinas y convenios. Tendría un trabajo respetable y una educaciòn virtuosa que me harìa un hombre de bien, un digno hijo. Porque de eso se trataba todo, de jamás ignorar la voz de Dios, cuyas palabras pudiera atreverme a pronunciar al ser su hijo digno.

“Dios mismo, fue antes lo que ahora somos, y ahora es un hombre exaltado ¡y está en su trono en los cielos!” 

Martín era mi compañero de cuarto y el líder de la misión. Habían pasado ya seis meses desde que estaba aquí. Extrañaba a mis padres, de las dos llamadas que tenía permitido realizar al año, sólo me quedaba la de Navidad. Los tiempos eran difíciles para mi Fe. Tenía dudas, la oscuridad se estaba apoderando de mi corazón y por ello había dejado de escribir en el Diario, las palabras me resultaban tan indignas, que ni yo mismo quería volver a pronunciarlas.

Entre los Misioneros nos habíamos repartido los quehaceres. Ese dái me tocó realizar el viaje hasta la lavandería. Tomé el cesto de ropa sucia y bajé. Allí la vi por primera vez, con unos pantalones cortos, tan diminutos que casi le violaban la entrepierna. Vi sus delgadas piernas morenas y su ombligo desnudo. Me sonrojé, porque mi naturaleza se endureció, tuve una erección tan grande que me hacìa un bulto en el pantalòn. Tratè de disimularlo cargando la ropa de aquì hasta allà. 

Su nombre era Angélica. Y yo, un lujurioso. 

Me preguntó si había traìdo suavizante "de más". Le tendí la mano temblorosa, casi sin decir nada. Ella me miró sonriendo, como sabiendo lo que ocultaban mis vestiduras y lo incòmodo de aquella situaciòn. Yo era un hombre, no un santo. Me preguntó si mi nombre era "Elder", le expliqué, un tanto esquivo el significado el tìtulo que llevaba impreso en mi placa de identificación. Cuando salió, olvidó una ropa interior suya dentro de mi cesto, no sè si por olvido o por tentadora. La llevé hasta mi rostro e imaginé sus labios vaginales, el sabor de su clítoris y el olor de su femineidad.

Cuando llegué al centro, vi a Martín y se lo conté todo. Tambièn se había excitado. Tratamos de desviar nuestra incómoda situación hablando de los votos y de la dignidad, esa misma que tiramos a la basura cuando èl se bajò los pantalones y me insinuó que le practicara una felación. Cubrió su cara con una almohada y tomó el miembro entre sus manos. Me echè a llorar y salì corriendo. 

"El nombramiento de Jesús como Salvador del mundo fue disputado por otro hijo de Dios. Él fue llamado Lucifer, hijo de la mañana. Arrogante, ambicioso y codicioso del poder y gloria, este hermano espiritual de Jesús intentó desesperadamente ser el Salvador de la humanidad"

En la mañana siguiente; Martín, nuestro líder me reprendió con algunos pasajes del Libro del Mormón. Algo que me reusltaba un poco irónico, porque usaba a su conveniencia las prédicas de nuestro Profeta. Aunque yo no debía juzgarlo, porque no tenía autoridad moral para hacerlo. Sólo que no podía dejar pasar por alto, que muchas veces, percibía cierta envidia por parte de él hacía mi. Pues yo era un Misionero carismático a la que la gente le gustaba escuchar y eso a èl, le traía cierto reconcomio. 

La conversación fue larga. Hablamos sobre lo que estaba bien y lo que habíamos hecho mal, según lo acontecido en la noche. Era su deber reportarlo al Presidente, eso significaría el fin de la Misión para mi y la desgracia y la deshonra para mi familia, cuya tradiciòn Mormona se remontaba antes de los orígenes de nuestro apellido. Decidió no hacerlo, tampoco quería echar por tierra sus sueños de la plenitud del sacerdocio. 

Continuará..

Santurrones de los Últimos Días II

Por la Intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.

Me levanté sosteniendo mis rodillas. A esta edad, no podía ya pedirle más a mi cuerpo. Dejé de creer en la Brujería, como el Padre de Smith, nuestro profeta, que fue bendecido e iluminado por el angel Moroni. Saqué del armario el vestido verde manzana que con tanto afán confeccioné para la cena de gala. Esta noche, nos visitaría el Gobernador y con su anuencia, mi esposo podría ser ascendido a un alto cargo. 

Yo le despreciaba, no quería sentir más su olor cerca de mi piel, sabia que su cuerpo estaba cargado de pecado e infidelidad. No entendía su prédica, pues nuestra vocación dejó de practicar la poligamia. Tal vez, necesitaría disponer de las piedras Urim y Tumim”, para poder descifrar sus sentimientos. 

Me bañé, sentí cada gota de agua como si fueran filosos alfileres atravesando mi piel. No encendí el calentador, necesitaba sentirme viva, aunque fuera por última vez. Rocié mi arrugada piel con el perfume de orquídeas que usaba desde que tenía 16 años. Cubrí mis várices con medias de Nylon, saqué de la caja los zapatos de cuero negro que había comprado especialmente para esta ocasión. Me maquillé modestamente y me tumbé en la cama, no sabía si escoger las pastillas o desgarrarme las venas. Preferí optar por otro método más idílico, tomé la bolsa donde envolvieron el traje y metí la cabeza en ella. Cerré mis ojos, pedí perdón a Dios. No había podido cumplir con todas mis metas, pero creo que a estas alturas, nadie lo hace. 

Ahora, entre la dificultad de respirar y las aluciones que ocasionaba la falta de oxígeno en el cerebro, me encontré caminando hacia la "Nueva Jerusalén", a mi paso encontré flores de colores exóticos, grandes cascadas de agua cristalina, que a ratos cambiaban de tonalidades. El cielo, de un azul celeste, iluminaba el valle y un sol radiante cuyos rayos color dorado podía visualizar en el horizonte, sin que mis ojos se marchitaran, guiaba mi sendero. No respiraba, ni reía ni lloraba. Flotaba en el aire, aunque de vez en cuando mis pies podían sentir la cálida textura de la arena plateada que adornaba el valle. 

A lo lejos, divisé la tribu de los lamanitas, los niños de piel verde azulada corrían libres en el campo. Lingotes de oro colgaban de árboles, azucenas perfumaban el ambiente y chamanes se reunían entonando cánticos de alabanzas. Un hombre se acercó a mí, me tendío su mano abrillantada, suspiré, en ese instanté una voz lejana me llamó: ¡Mamá, Mamá!. Mi cuerpo comenzó a sacudirse, exhalé una bocanada de aire, al abrir los ojos me encontré en mi cuarto, con el rostro pasmado de mi hija mirándome fijamente, abrazándome y sollozando. Mi viaje había terminado, no morí. No pude disfrutar de las bendiciones de los lamanitas. 

Me arrodillé, volvía a pedir perdón.

Mi hija, sin reprocharme nada, me acompañó en la oración. Por la Intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.

Santurrones de los Últimos días.

"Si tu JESÚS es mejor que mi JESÚS, tienes que probarlo" 



Por la intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén. Dios sabía, tenía que saber que en el fondo de mi corazón, sólo quería ser un buen Mormón. Morir y tener una vida más allá de la oscuridad. Sólo quería eso, ir al cielo y procrear hijos celestiales color amarillo, pero no como los orientales; si no amarillos como cada rayo de sol o como los lingotes de oro que los Lamanitas ofrecían a sus colonos. Estaba abstraído en mis oraciones cuando la vi llegar, fue como una aparición, se había puesto aquella lencería de cuero que me volvía loco, con encajes de color púrpura y una Boa de plumas que yo mismo le había regalado por su cumpleaños. Debo confesar, que disfrutaba cada minuto que mis manos permanecían atadas a la cabecera de la mancillada cama, la bola de plástico que había introducido en mi boca, limitaba mis expresiones, pero ella sabía elevarme al placer infinito,conocía muy bien como acelerar las palpitaciones y sofocar los sentidos. 

Jamás mi cuerpo permaneció desnudo frente a ella, el inmaculado Garment protegía mi humanidad de la impureza del adulterio. Era evidente que yo no quería un hijo fuera del Matrimonio, porque eso me haría un pecador y puedo ser de todo, hasta un monstruo, pero jamás un pecador. No esperaba dejarla embarazada,ella siempre creyó que mi "ropa mágica" la protegería. Se colocó la máscara y comenzó a azotarme, me castigaba y encendía la pasión, era una llama incesante. A estas alturas, ya no podía seguir hablando del Ángel Moroni. Ni su trompeta, ni el profeta Smith podían sacarme ya del libidinoso placer de su boca, de su caricias, ni de sus tacones puntiagudos que penetraban la piel de mi abdomen. 

Por la intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén. 

No pretendía usar el nombre de Dios en vano. Al terminar nuestros encuentros, siempre me ponía de rodillas y oraba junto a ella, porque su anhelo era morir, morir bendecida. Ya los Bautistas habían intercedido por ella, los Hindúes, habían festejado en banquetes y los católicos le habían impuesto penas de "Ave Marías y Padre Nuestros", que ella no había sido capaz de cumplir. Pero yo le amaba, amaba su rostro blanquecino, su cabello negro y la mirada profunda y centelleante que me apuñalaba el corazón cada vez que sus ojos se posaban sobre mí. Sólo yo, un buen Mormón, que le amaba con la Fe de mi convicción, podía hacer de ella una mujer de bien, sin pasado y sin pecado.

Pero ella no conocía de amor, sabía de castigos. Era una maestra con el Látigo, la Pala y el antifaz. Dejé sobre su mesa un buen fajo de billetes. Al final, todo terminaría mal, siempre el dinero cambia a la gente. Me fui, como el santurrón que aparentaba ser, el "elegido", el que va de "dos en dos", el de los últimos días. Ella sonrío desde la puerta, era cerca de la media noche, vi sus muslos asomarse por encima de la dormilona de seda. Encendí un cigarrillo, quise decirle "Te Amo", pero una persona que jamás ha sentido amor en su corazón puede entender la profundidad de esa palabra. De pronto, me encontré frente a la capilla, contemplando los pinos que adornaban la entrada y deletreando cada palabra que había sido grabada en la placa de mármol que identificaba a la congregación. Ahora yo estoy aquí y tu allá, es así. Sigo construyendo heridas, las cubro en círculos de oración. 

Al llegar a casa, cuelgo mi abrigo y acomodo el maletín sobre la biblioteca. Aquí sigo siendo yo, el esposo amable y el padre de Antonella. Brenda, mi mujer, me recibe con su sonrisa añejada y su perfume a orquídeas, el mismo que siempre ha usado durante décadas, ese que ya me da igual, como su piel, arrugada y vencida que no inspira deseos carnales. No quiero estar aquí, sino allá; atado a la cama, volviéndome indigno. No creas que sólo por dejar de tomar Café puedes ser un Buen Mormón.


Continuará.

Héroes Anónimos

"(...) Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado,
un dia especial este 11 de marzo,
me tomas la mano, llegamos a un tunel
que apaga la luz".

Recientemente conversaba con una persona sobre la poca disposición que tenemos los seres humanos por estar "dispuestos" y por "ayudar" al prójimo. Los antivalores han dominado la escena últimamente, veía la imagen del Papa Francisco "volando" como un superhéroe, su sonrisa amigable y la intención, maleta en mano, de rescatar aquello que nos hace mejores personas, aquello que sin duda, hace que cambiemos al mundo: Valores. El Papa, al menos, tiene la disposición de revolucionar (aguas adentro)  a la Iglesia Católica y la imagen (un tanto negativa) que se ha tenido de ella durante algún tiempo, haciéndola más humilde y más cercana a los fieles. Pero este escrito no es sobre el sumo pontifice y su cruzada contra el "mal", se trata de héroes, pero no de los que tienen capa, armas súper poderosas, lazos mágicos, un genio en una botella o los calzoncillos por fuera de los pantalones; se trata de héroes reales, de carne y hueso, que viven junto a ti y que con sus acciones nos animan a ser mejores personas y que no deberían quedar en el olvido. 

Sin miedo a nada.

No puedo ni siquiera imaginarme lo que pasaba por la mente de José Infante la mañana del 14/01/2014, cuando (quizás por intercesión de la Divina Partora), se percató de la irregularidad con la que operaba un transporte escolar por las empinadas calles del sector La Manguita, en el Estado Carabobo, y no titubeó en seguirlo. Creo que no alcanzarían las palabras para describir los miles de sentires que estremecieron la humanidad de José al ver la alucinante imagen, todo en milésimas de segundos, el impacto, el llanto, la desesperación. José, no tuvo que frotar la lámpara mágina, ni blandir las espadas de Greiscol o del Augurio, el joven no andaba en un caballo blanco o tenía un Gemelo Fantástico, simplemente le bastó su convicción y su amor por el prójimo. José tenía disposición de ayudar, reaccionando más allá de su limite y permitiendo que tres niños pudieran vivir, niños que podrán reescribir su historia gracias a un joven que con tan sólo 24 años, cambió al mundo. 

Los medios de comunicación reseñaron a José Infante como un hombre de "mirada perdida", tras la tragedia de la cual le tocó ser parte. No es para menos, ahora en su brazo derecho queda tatuado el recuerdo de ese día, entre la impotencia de no haber podido hacer más y la satisfacción de haber logrado una extraordinaria hazaña. José, seguramente no espera trofeos ni medallas, tampoco el reconocimiento público, lo veo en su humilde expresión y en su gentil conversar. Él no lo espera, pero nosotros sí, porque los héroes que lo arriesgan todo sin esperar gratitud no merecen quedar en el olvido, para él, mi admiración y mi aplauso de pie.

De la Mano con Pedro.

Seguramente, este joven estudiante de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, no pensó que su vida cambiaría aquella mañana. Tal vez, ese día empacó su entusiasmo y sus ideales de lucha, probablemente jamás pensó; que uno de esos días, de los que van de lunes a viernes, abordaría el transporte que cambiaría su vida para siempre, de estación a estación se iban generando los sueños. Nadie puede imaginarse el dolor físico y emocional vivido por Pedro, jamás podría atreverme a describir sus sentimientos; ese día, en el que casi se apaga la luz, Pedro perdió sus piernas. Pero no su impetú, sus ganas, su fortaleza espiritual. No ha sido un camino fácil, pero este Joven ha demostrado tener disposición de vivir, de luchar y seguir creciendo. He visto sus progresos en las redes sociales, Pedro no se ha rendido, es un héroe porque más allá de las limitaciones, la esperanza nunca le ha abandonado, la fuerza y la fortaleza que tiene este muchacho sólo se puede comparar con la energía nuclear y más allá, me atrevería decir. Él sigue soñando, sigue retando al futuro, llenándose de Fe, ahora más valiente que ayer, porque la vida le ha regalado una nueva oportunidad. 

Peluche, Capitán y Collie.

Dicen que el mejor amigo del hombre es el Perro. Al decir esta frase, vienen a mis pensamientos imágenes borrosas de Peluche, el cariñoso can que siempre estuvo al lado de mi padre, día y noche, sin importar la hora o el clima. Su pelaje marrrón- rojizo y alborotado, le hizo acreedor de su nombre. Peluche corría cada mañana, durante casi más de diez años, a los brazos de su dueño, moviendo la cola y dando lenguetazos en señal de cariño. Así era, indefenso, porque encontraba en su amo alguien que le brindaba cariño y protección; un guardián, porque no dudaba en gruñir o en mostrar la temible dentadura ante la amenaza de extraños o la sensación de peligro. 

Recuerdo además, que había una canción que a mi hermana hacia llorar, tenía una estrofa que decía así: "Allí estaba echado un perro, sin comer y sin dormir, quería mirar a su dueño, no le importaba vivir". Esto me viene casi como anillo al dedo para hablar de Capitán y Collie, recientemente leía artículos referidos a estos perritos, que todo lo han dado por sus dueños, siendo guardianes de las tumbas de éstos, viven a la intemperie, de la indulgencia de extraños. La mala noticia es que Collie murió, estaba deshidratado y con daño en sus riñones, ahora seguramente juega junto a su amo en el mundo del más allá, o se despertará saltando de nube en nube, en el cielo de animales. 

He ahí mis héroes, mi pequeña porción de admiración. La lealtad no tiene precio, la esperanza no se vence y el miedo jamás será una excusa para no hacer nada. Sigamos adelante, los sueños se acaban sólo cuando muere el soñador, cree en tí, en tu capacidad de cambiar al mundo.

Historias de Danzón y Arrabal: El Pájaro de la Bruja (Cap. II)

La música sonaba y el salón se llenaba de las más añejas melodías. “El Tango del Pecado”, acercaba a las parejas en una danza misteriosa, en un baile que los hundía cada vez más en la oscuridad. Apagado el rebullicio por la escapada de “Esmeralda”, la serpiente que adornaba los bailes de Lucrecia, todo volvía a la normalidad, seguía el desborde de lentejuelas y escarcha; en las esquinas, se confundían los amantes entre los destellos de la luz escarlata.

Victoria había pedido que Aquiles saliera del cuarto, aún le erizaba la piel pensar en la muerte o en lo que aquella carta tan oscura había anunciado. A las afueras de la “Enramada”, el extraño cántico de un ave atormentaba el silencio de la noche y, en la puerta, receloso, recibía a los clientes con las “Buenas Noches”, el más fiel de todos los empleados: Rhadamés

¡Hasta cuando este trabajo!, esto no me hace feliz. Este lugar de perversión es un nido de víboras!, refunfuñaba el tosco Rhadamés. Junto a él Carmen, una Hermosa mujer ataviada en traje negro azabache, sostenía en sus manos el dorado filo de una bandeja en la que servía tragos. Cotizaba sus besos con alto precio… Su Mirada, la que traía la muerte, embrujaba a Hombres y Mujeres por Igual.

La mujer miró detenidamente al portero, mientras le decía: Sólo por las noches te siento así. Cuando comienza la fiesta en este Lugar!; hizo una pausa y continuó, Aunque no en todas te veo triste, a veces pienso que algo malo has visto o algo malo has… (suspiró) Mira!: Allí viene la chica, esa que se ha hecho consultar con la Gitana.

El hombre hizo un ademán de desinterés. Como si tuviera tiempo para tonterías!, Debo seguir en este horrible trabajo en el que sólo obedezco. Obedecer es nuestro destino y aquel que no quiera someterse a la obediencia será necesariamente aniquilado. (Pausa), Aniquilado! Sí, ahora que no quiero someterme a la obediencia me siento aniquilado… Debo olvidar lo que había olvidado y que tú me has recordado. 
La mujer lo observó con estupor. Esta noche el pájaro de la bruja anda suelto… por eso es que te hace filosofar, como aquella noche en la que el Rey perdió su corona.

Ja!, Todas las lágrimas y todos los agasajos posibles no compensan un momento de placer envenenado por el despecho y la odiosa conducta de una tiranía.

Silencio! Calla!.¿Por qué este empeño?, ¿por qué esta exaltación?. Tu elegiste este trabajo!. Así que nada de sufrimientos. Le dijo Carmen, mientras con su mano tapaba la boca del portero.

Triste destino, este lugar de depravación me ha condenado.

¿Ahora te pesa ser un asesino?.- Le dijo de manera retadora la mujer.

Rhadamés sorprendido le grito: Un asesino!!!! Yo no soy un asesino! No!. Entonces deja de lloriquear.- Susurró Carmen.

¿Serán acaso estos remordimientos mi condena?. No soy un hombre normal, Soy un anormal!, no vivo como los demás, tengo que refugiarme en las sombras de la noche para esconder mi pecado… “Mi pecado”, No! No es un pecado el mío, yo soy un pecador!

Deja de pensar en eso, si todos los hombres pensaran en el lado oscuro de sus acciones, todos! Pero absolutamente todos! sabrían que sólo con el pensamiento han mancillado su honor.

El hombre la miró, se encogió de hombres y dijo: Ya!… ha llegado la hora en que Rhadamés , este anormal servidor, tiene que ir en contra de las leyes de la humanidad.

Con apresurado paso y como quien busca algo sin saber qué, Victoria se acarició el brazo y se acercó a la puerta, al encontrarse con el portero, le dijo suplicante: ¡Señor, señor! Quizás usted me pueda conceder el favor de que mi amigo Aquiles y yo podamos pasar la noche aquí… Por Caridad. Carmen,se acarició el cabello. Dirigió su mirada a Rhadamés y con voz firme y desafiante le increpó: ¿Ahora vas hacer el guardián del destino de esta chica?

Es sólo que… ha oscurecido muy pronto y no queremos aventurarnos a manejar por una carretera que no conocemos.- dijo Victoria.

¿Será que tienes miedo?, ¿Qué te ha dicho la Gitana, qué cosa grave han marcado las cartas para que te pongas así?.- El portero interrumpió las irónicas interrogantes de Carmen.- ¡Deja de atormentar a la joven!.

No pienses que te puedes quedar en este lugar, respondió la mujer desafiante-. Nadie puede competir con mi belleza!; te arriesgas a mucho. Aquí, en “la Enramada” todo lo he conseguido, pero también todo me han quitado.

¡Por caridad!, por Dios!... Usted…Usted, que se ve que es bueno, haga que nos permitan quedarnos.-Rogó a Rhadamés. -Disculpe Joven! No puedo hacer nada, le dijo el hombre mientras se daba media vuelta. 

Sobre la Barra, Aquiles, el escéptico, dejaba de un lado su sombrero. Admiraba la belleza de las mujeres que se paseaban a su alrededor. Y aquella noche, la de luna llena, miró sus ojos y de ellos no pudo escapar. “La Gran Dama” se le acercó, rodeó sus hombros y le entregó una Rosa. ¿Y esto?, un hombre como yo, puede ser merecedor de tan noble gesto?

Una Rosa encierra muchos secretos, la pregunta es: ¿Un Hombre como Tú, puede descifrar el Misterio que le Rodea?.- Le dijo la mujer, mientras humedecía sus labios en vino tinto. La Conversación se vio interrumpida por una agitada Victoria que corría al encuentro de su amigo.- Vamos, tenemos que salir de aquí.

Sin siquiera dejar despedirse, Aquiles salió tomado del brazo y casi a empujones de aquel lugar. Ya en las afueras de la “Enramada” y abrigados bajo el frío manto de la medianoche, Victoria se disponía a abordar el Vehículo que los había llevado hasta allí, cuando de pronto llevó sus manos al rostro y gritó: .-¿Vist, viste?

¿Qué cosa?.- Interrogó Aquiles.- Es una cosa oscura allá, en la puerta de la “Enramada” .-Casi llorando-. No he visto nada, debe ser el reflejo de la Luna.- NO!, NO!, gritó la chica desesperada.- Él está ahí, en ese lugar, ¿No lo ves? Es un ser de otro Mundo.

La chica abrazó a Aquiles. Se refugiaba en sus brazos, él trataba de averiguar con su mirada que cosa extraña había causado tanta alarma en la Joven. ¿Desde cuándo ella, Victoria, había tenido tanto miedo a lo sobrenatural?, ¿Desde cuándo la había asustado nada?. Otro vistazo más y divisó algo oscuro en las ramas del viejo samán que había frente a la casa. Era un cuervo, tan inmóvil como las viejas estatuas de la ciudad. Y de seguro era la cosa que le atemorizaba. Era el cuervo más grande que había visto nunca, gordo y brillante, con arcos iris centelleando en sus plumas negras. Podía ver cada detalle con claridad: Las ávidas garras oscuras, el afilado pico, el individual y amenazante ojo negro. Y mientras lo contemplaba fijamente, una Voz masculina detrás de él, le dijo:

¡Es el Pájaro de la Bruja!.- Gritó Jonás.

Continuará…

Senza Fine (Sin Fin)

"No me importa la luna
no me importan las estrellas
Tú para mí eres luna y estrellas"

Los sueños no tienen fin. La esperanza tampoco debería. Los nuevos comienzos, sea cual fuere su naturaleza, siempre significan un cambio en nuestras rutinas. No es bueno acostumbrarse a estar acostumbrado, aunque a veces es bueno retomar lo clásico, este paso no debe confundirse con quedarse estancado, siempre es necesario evolucionar; el cuerpo, el espíritu y la sociedad así lo reclaman. Lo clásico es enamorarse con detalles, con rosas, con chocolates, con simplezas tan comunes como la flor arrancada del jardín de una plaza, como un "Te Quiero" en una servilleta, como un beso robado a la luz de la luna; el clásico enamoramiento, con sus salidas, sus manos agarradas, las películas, los llantos y las sonrisas. 

Hay otras cosas que también nos hacen querer volver. El típico desayuno

que consumimos en nuestra casa materna, los olores que acompañan a determinados recuerdos, los colores que nos recuerdan la niñez, el frío que nos hace sentir vivos; pero sobre todo, la inquebrantable Fe que nos impulsa a soñar sin fin. 

Sólo en sueños es libre el hombre. Esa frase me recuerda a los anhelos de la infancia y de la juventud que se va perdiendo y a las conversaciones que se van teniendo con los amigos, esos que se van, que regresan, que se mantienen y que permanecen. Tanto tiempo que invertimos en ver vidrieras, criticando o alabando ropas que no sabemos si podremos comprar o que nisiquiera queremos comprar, pero lo hacemos porque actuamos como autómatas, nos hace falta más amor, amar sin fin.

Artesanía de Amores. El que obra bien en la tierra, rara vez pasa desapercibido en el más allá. En ese mundo incierto que no sabemos si existe o la cualidad que tendremos cuando nos albergue. Sólo sabemos que está ahí, es un no sé qué, con miles de no sé quiénes.La vida simple, con nosotros o sin ella, se trata de ir dejando huellas, de hacer camino al andar (como dice la canciòn), de hacer favores que contribuyan a alimentar el espíritu, haciendo de ti/de mi, una mejor persona, porque con ello, lograrás cambiar al mundo. Dicen que la cantidad de personas que asisten a tu funeral, mide, en gran medida, la calidad de persona que eres y los aportes que has dejado a la sociedad. 

Comencemos entonces a amar. El amor se refleja no sólo en el acto carnal y emotivo de tener una pareja, el amor se refleja en la cantidad de sonrisas que estas dispuesto a regalar y que recibes. En los abrazos, en las miradas, en los actos de caridad, en la bondad y en la amistad que se brinda. 

No me importa si no toco las estrellas, porque sé mi aliento nunca será suficiente para llegar a ellas. Me importa la esperzanza, porque alimenta mi motor de vida. Me inclino a los sueños, porque sin ellos no se puede vivir y yo quiero vivir así, lleno de Fe, de anhelos y de fortaleza. Yo cambiaré al mundo, barreré tristezas y seré artesano de amores, es mi compromiso, además de amarte así, Sin Fin.

Capítulo I: La Enramada


Cauri, la señorial y cálida ciudad, abrigaba entre su lado más oscuro aquella casa rodeada de historias, de fantasmas y de mujeres misteriosas. Cauri, paradójicamente, era el símbolo de la fertilidad y la feminidad, en un pueblo donde las mujeres temían salir embarazadas, porque en aquella tierra, los niños morían antes de llegar al año.

Una ciudad que no se inmutaba ante el paso del tiempo. La segunda más chica de la República y la primera, quizás, en donde los humanos convivían con ángeles y demonios. Sus calles soportaban a diario, el rutinario andar de hombres y mujeres y el mecánico paso de los vehículos. Sus plazas y parques eran vigiladas por monumentos a los grandes Héroes y Reyes que levantaron la comarca en tiempos de la colonia.

Pero Cauri, ciudad de bruma, de secretos y de miradas fúnebres, atesoraba en su seno el centro de fiestas más grande de la región; Una Casona de antaño, con largas columnas y árboles que custodiaban la entrada principal, y en la puerta un diminuto aviso que indicaba:“La Enramada”,un arete que sobresalía en el corazón de la madera y un tapiz adornado con la Luna y el Sol en perfecta armonía, le daban la “Bienvenida” al viajero o al cliente de paso. De esta casa se decían muchas cosas: Se detenía el tiempo, se ganaban amores o se perdía la vida.

La “Enramada” era un sitio místico, mágico, alegre. En ella, se desbordaban las lentejuelas, la escarcha y los perfumes mezclados entre el cigarro y el alcohol. Un sinfín de historias se construían en su interior, un extraño contonear marcaba la hora y una luz, la luz escarlata de la esfera de cristal, hechizaba a mujeres y hombres por igual.

Era la llamada hora del “Ángelus”, pero esto sólo lo sabía Lucrecia.

A su paso, un distinguido caballero se alza el sombrero y le tiende la mano para que suba sin tropiezos los primeros escalones. El vehículo había quedado a escasos metros de la puerta principal, y un concierto particular de sonrisas y tambores se escapaba ante el cadencioso baile de una mujer que ataviada en Rojo Sangre, enroscaba una serpiente en su garganta.

Avanzaron hacia la barra. Sus ropas sobresalían ante el barato desfile de vestidos de flores y camisas arremangadas. Él, era un muchacho de rostro vivaz, alegre y Mujeriego, vestía un bien cortado traje de color azul. Victoria, su acompañante, cubría la mirada con gafas que le abarcaban hasta el pómulo, alta y de contextura delgada, expandía su pecho al ritmo de la respiración. En sus manos, surgían vigorosas tres pulseras doradas.

Su piel, blanca y  de finas facciones, cobraba mayor lucidez al ser adornada con dos ojos azules que asemejaban las límpidas aguas del mar.

Aquellas dos figuras perdidas en el centro del salón eran: Victoria y su gran amigo Aquiles.- Las 7:00 de la noche, hemos esperado lo suficiente como para que nuestra cita ya haya llegado, dijo la chica con tono de preocupación. 

-¡Vaya lugar que has escogido para tu “aventura”!. Yo sé que no debo hacer preguntas inútiles, pero ¿Cómo es que has concebido encontrarte con alguien en un sitio como este?.- Increpó el Joven acompañante. -Mi querido amigo, en la Vida siempre tenemos una cita con Dios, cada segundo que transcurre de nuestra existencia tenemos una cita con nuestro destino… Además, ¿Me vas a decir que tenías algo mejor que hacer que estar aquí?, relájate, de seguro podrás conseguir algo para ti.

El hombre la miró pasmado. .-Ja! ¿Ahora me vas a decir que te encontrarás con Dios aquí?.

Con movimiento seductor, Lucrecia, la que llamaban “La Gitana” bajó del escenario y se acercó hasta los inquietos jóvenes. .-Nunca dude usted de eso, quizás Dios puedo ser Yo.

En el salón había varias parejas bailando. Lucrecia se perfumó con aceite de almizcle, guardó algunos billetes que había obtenido después de danzar y alisó las mangas de su vestido. Victoria encendió un cigarrillo, aspiró el humo… bebió un sorbo del licor que le habían servido  y tiró los lentes sobre la barra.- He venido a que me lean las cartas, he conversado con un viejo amigo y me ha dado algunas recomendaciones sobre usted, le dijo titubeando la chica.

La Gitana la miró sonriente y dijo:  .-Supongo que su amigo es el Periodista. Nunca pudo recuperarse de la muerte de su hijo. Pero algo le advierto: En la “Enramada” siempre ronda la muerte  y el crimen.

La Mujer a la que nadie se atrevía a llamar por su nombre se acercó a Lucrecia. No se sabía muy bien quién era, ni de dónde venía pero le llamaban “La Gran Dama”, los más ancianos decían que ella era la Aluca (Demonio Mujer) misma. 

.-Así vas asustar a los clientes. Yo sólo tengo que decir que en la “Enramada”  sólo hay Bondad, Paz y alegrías. -Descuiden, interrumpió Victoria, las citas siempre son un preámbulo a grandes aventuras… No le temo al destino.

Victoria y Aquiles caminaron guiados por la Gitana. Una mesa cubierta con fino mantel, extraños signos dibujados en la pared y oraciones celtas recitadas por Lucrecia, dieron inicio a la consulta. Un mazo de barajas se extendía sobre la mesa. 

.-Veo que este no será un día perdido. La primera carta que ha salido es la Trece (13); ¡El Arcano de la Muerte!. Victoria miró a Aquiles. No pudo ocultar el temor que le causaba aquella revelación: “El Arcano de la Muerte”. De repente, todo se nubló, había gritos en el salón contiguo y la serpiente emergió arrastrándose por el pasillo. El silenció gobernó en el cuarto, Lucrecia se contoneaba al compás de un ritmo casi imperceptible, tomó a Esmeralda entre sus hombros e hizo sonar campanillas.

.-Que haya salido la carta Número 13, no significa que vas a morir. No “por los momentos”. Jajajjajajajaja.- dijo la Gitana en medio de la risa. 

CONTINUARÁ…

África

Suena en el silencio,
más a menudo se siente,
son aquellas palabras que han dejado los seres,
y trascienden entre los chasquidos del fuego.

Siente... es la voz del agua que acaricia el alma,
Escucha el silbato del viento,
ÁFRICA!!! resuena entre mis ancestros.

Los Muertos no están muertos,
aún cuando la maleza suspira
y las hojas sollozan,
ÁFRICA!!! son mis ancestros,
y es la sombra que se alumbra,
la pasión que se espesa.

Miro en la arena, en la palma y en la montaña
voy entendiendo, que los muertos no están bajo la tierra
están dentro de ti,
de la raíz del árbol que da vida,
del trueno que ensordece
del rayo que ciega,
de la luz que oprime
en las multitudes,
en el silencio.

Esta es la voz del viento,
el soplo del ÁFRICA mía,
de mis ancestros muertos
que siguen en pie,
aún no desvanecidos
mi vida es ÁFRICA y no se han ido.

No están Muertos!
Están en la mirada del cazador furtivo
del cascabel que llama,
del verde del bosque
dentro de ti,
dentro de mi,
Son mis ancestros!

África es mi vida,
y en la madera que gime,
en las letras que esbozo,
en la hierba que llora,
en la piedra que golpea, siempre estarás tu.