Santurrones de los Últimos Días IV
"La vida mortal es un don de Dios.
Viene por voluntad divina, y ha de durar por el tiempo que decreta Dios"
Dios tiene formas misteriosas de actuar. Queda claro que la esperanza es algo que no puedo reinventar. Un día va y otro viene. Pero mi espíritu sigue hundiéndose en la oscuridad. Cuando pierdes las ganas de vivir, te vuelves indigna ante los ojos del redentor. Ya no me valen las profecías, ni las enseñanzas del Obispo, ni siquiera las prédicas de mi marido, he perdido la Fe. Mi fortaleza ha sido reprobada, la existencia eterna del hombre me ha sido negada.
“Todas las cosas que han sido dadas por Dios al hombre, desde el principio del mundo, son símbolo de él”.
Decido escapar a las pruebas de Dios. El asco invade mi vida. Razón tenía Moroní cuando le inculcó al profeta Smith no unirse a ninguna religión, porque todas las religiones y credos eran falsos y todos los ministros eran corruptos y una abominación ante el Señor. Eso era así, mi esposo se había convertido en una ramera con doble moral, un sádico amante del Bondage cuyas manos estaban marcadas por la hipocresía y su piel, su fastidiada y arrugada piel, maloliente de deseos e impregnada de líquidos carnales infectos, repulsivos e intolerantes a los ojos de la Iglesia, eran sólo eso, carroña para la lujuria.
Me tendí en la cama, volví a recrear la imagen de mi cuerpo inherte sobre las sábanas, la cabeza cubierta con una bolsa plástica y mi respiranción pausada que se convertía en agonía. ¿Me dolerá la muerte?, ¿Seré perdonada por Dios?, ¿Cuàl serà la impresión de mis hijos al encontrarme en ese estado?. Quería castigarlo a èl, a mi esposo, ese inmundo religioso que nos había arrastrado a una Iglesia cuyas bases estaban construidas con arena del desierto.
Había enviado a mi Hijo a convertirse en Misionero. El áspid del fanatismo estrangulaba su esperanza, ya no era posible ser un Hombre libre. Un "Elder" no puede soñar más allá de las doctrinas. Debía vivir con la promesa de viajar a la luna y compartir enseñanzas con los milenarios seres de más de un metro ochenta. Perdóname padre, porque he pecado.
Rechazo el mensaje y seré destruida. Seguramente mi alma quedará en off cuando cruce el umbral. Ya no beberé de la miel de la eternidad ni veré mis ojos reflejarse en cálidos lingotes de oro. Me paré frente al espejo, toqué mi cuerpo, miré mi cabello desarreglado y pensé que necesitaría ir a la peluquería. Quité cada uno de los broches del vestido verde turquesa que cubría mis partes y poco a poco fui despojándome de la humanidad, quedé parada con mi Garment, mi mágica ropa interior que sólo ha servido para que mi esposo me rechace cada noche. Volví a levantar la mirada, no pude contener el llanto al mirar mi reflejo, demacrada, vieja y sin retorno. Asesté un golpe contra el espejo, descargué mi rabia de un solo ataque, dos hilos de sangre corrieron por mis delgadas manos. No había dolor, sólo un resentimiento feroz que incendiaba mi alma.
Las tinieblas cubrían la habitación, cómo cuando Cristo murió crucificado. Tomé entre mis manos un filoso trozo del espejo, lo usaría como un puñal. Al fin escaparía de mi vida, tan rápido como una ràfaga de viento. Mi corazón se derrumbó y no fui capaz de cuidarme por mí misma. Estoy decidida a cambiarlo todo, sacrificando mi propia vida para ello. Me despojo de mi humanidad para vencer a la humanidad. Abrí los ojos, respiré aceleradamente, tomé el arma que había improvisado y rasgué mi cuello. En una milésima de segundo, recordé mi infancia, mi adolescencia y mi vejez. Acto seguido, se apagó la Luz.
Perdóname Dios porque he pecado.
"(...) el juicio es del Señor; el conoce los
pensamientos, intenciones y habilidades de los hombres; y Él en su
infinita sabiduría hará que ha su debido tiempo, todas las cosas estén
bien..."
Santurrones de los Últimos Días III.
“Y los élderes de la Iglesia, dos o más, serán llamados... "
Estaba en misión. En el bolsillo derecho de mi camisa, llevaba oculta la fotografía que nos tomaron, a mis padres y a mí, en el aeropuerto como recuerdo de la despedida. Me esperaban largos días de sacrificio, pero iba en busca de mi paz, de mi vocación y de la Bendición de Nuestro Señor Jesúcristo. Miré por la ventanilla del Bus que me trasladaba a la calurosa ciudad donde predicaría la palabra, por que mi sueño era servir a Dios, recibir la plenitud del sacerdocio y obrar a favor de los vivos y los muertos.
Al terminar la misión, debería casarme. Con veintiún años, ya debía tener bajo mis hombros la responsabilidad de conducir un hogar, al lado de una esposa amorosa, fiel, atenta y creyente. Debía procrear hijos, a los que educaría siguiendo nuestras doctrinas y convenios. Tendría un trabajo respetable y una educaciòn virtuosa que me harìa un hombre de bien, un digno hijo. Porque de eso se trataba todo, de jamás ignorar la voz de Dios, cuyas palabras pudiera atreverme a pronunciar al ser su hijo digno.
“Dios mismo, fue antes lo que ahora somos, y ahora es un hombre exaltado ¡y está en su trono en los cielos!”
Martín era mi compañero de cuarto y el líder de la misión. Habían pasado ya seis meses desde que estaba aquí. Extrañaba a mis padres, de las dos llamadas que tenía permitido realizar al año, sólo me quedaba la de Navidad. Los tiempos eran difíciles para mi Fe. Tenía dudas, la oscuridad se estaba apoderando de mi corazón y por ello había dejado de escribir en el Diario, las palabras me resultaban tan indignas, que ni yo mismo quería volver a pronunciarlas.
Entre los Misioneros nos habíamos repartido los quehaceres. Ese dái me tocó realizar el viaje hasta la lavandería. Tomé el cesto de ropa sucia y bajé. Allí la vi por primera vez, con unos pantalones cortos, tan diminutos que casi le violaban la entrepierna. Vi sus delgadas piernas morenas y su ombligo desnudo. Me sonrojé, porque mi naturaleza se endureció, tuve una erección tan grande que me hacìa un bulto en el pantalòn. Tratè de disimularlo cargando la ropa de aquì hasta allà.
Entre los Misioneros nos habíamos repartido los quehaceres. Ese dái me tocó realizar el viaje hasta la lavandería. Tomé el cesto de ropa sucia y bajé. Allí la vi por primera vez, con unos pantalones cortos, tan diminutos que casi le violaban la entrepierna. Vi sus delgadas piernas morenas y su ombligo desnudo. Me sonrojé, porque mi naturaleza se endureció, tuve una erección tan grande que me hacìa un bulto en el pantalòn. Tratè de disimularlo cargando la ropa de aquì hasta allà.
Su nombre era Angélica. Y yo, un lujurioso.
Me preguntó si había traìdo suavizante "de más". Le tendí la mano temblorosa, casi sin decir nada. Ella me miró sonriendo, como sabiendo lo que ocultaban mis vestiduras y lo incòmodo de aquella situaciòn. Yo era un hombre, no un santo. Me preguntó si mi nombre era "Elder", le expliqué, un tanto esquivo el significado el tìtulo que llevaba impreso en mi placa de identificación. Cuando salió, olvidó una ropa interior suya dentro de mi cesto, no sè si por olvido o por tentadora. La llevé hasta mi rostro e imaginé sus labios vaginales, el sabor de su clítoris y el olor de su femineidad.
Cuando llegué al centro, vi a Martín y se lo conté todo. Tambièn se había excitado. Tratamos de desviar nuestra incómoda situación hablando de los votos y de la dignidad, esa misma que tiramos a la basura cuando èl se bajò los pantalones y me insinuó que le practicara una felación. Cubrió su cara con una almohada y tomó el miembro entre sus manos. Me echè a llorar y salì corriendo.
"El nombramiento de Jesús como Salvador del mundo fue disputado por otro
hijo de Dios. Él fue llamado Lucifer, hijo de la mañana. Arrogante,
ambicioso y codicioso del poder y gloria, este hermano espiritual de
Jesús intentó desesperadamente ser el Salvador de la humanidad"
En la mañana siguiente; Martín, nuestro líder me reprendió con algunos pasajes del Libro del Mormón. Algo que me reusltaba un poco irónico, porque usaba a su conveniencia las prédicas de nuestro Profeta. Aunque yo no debía juzgarlo, porque no tenía autoridad moral para hacerlo. Sólo que no podía dejar pasar por alto, que muchas veces, percibía cierta envidia por parte de él hacía mi. Pues yo era un Misionero carismático a la que la gente le gustaba escuchar y eso a èl, le traía cierto reconcomio.
La conversación fue larga. Hablamos sobre lo que estaba bien y lo que habíamos hecho mal, según lo acontecido en la noche. Era su deber reportarlo al Presidente, eso significaría el fin de la Misión para mi y la desgracia y la deshonra para mi familia, cuya tradiciòn Mormona se remontaba antes de los orígenes de nuestro apellido. Decidió no hacerlo, tampoco quería echar por tierra sus sueños de la plenitud del sacerdocio.
Continuará..
Santurrones de los Últimos Días II
Por la Intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.
Me levanté sosteniendo mis rodillas. A esta edad, no podía ya pedirle más a mi cuerpo. Dejé de creer en la Brujería, como el Padre de Smith, nuestro profeta, que fue bendecido e iluminado por el angel Moroni. Saqué del armario el vestido verde manzana que con tanto afán confeccioné para la cena de gala. Esta noche, nos visitaría el Gobernador y con su anuencia, mi esposo podría ser ascendido a un alto cargo.
Yo le despreciaba, no quería sentir más su olor cerca de mi piel, sabia que su cuerpo estaba cargado de pecado e infidelidad. No entendía su prédica, pues nuestra vocación dejó de practicar la poligamia. Tal vez, necesitaría disponer de las piedras “Urim
y
Tumim”, para poder descifrar sus sentimientos.
Me bañé, sentí cada gota de agua como si fueran filosos alfileres atravesando mi piel. No encendí el calentador, necesitaba sentirme viva, aunque fuera por última vez. Rocié mi arrugada piel con el perfume de orquídeas que usaba desde que tenía 16 años. Cubrí mis várices con medias de Nylon, saqué de la caja los zapatos de cuero negro que había comprado especialmente para esta ocasión. Me maquillé modestamente y me tumbé en la cama, no sabía si escoger las pastillas o desgarrarme las venas. Preferí optar por otro método más idílico, tomé la bolsa donde envolvieron el traje y metí la cabeza en ella. Cerré mis ojos, pedí perdón a Dios. No había podido cumplir con todas mis metas, pero creo que a estas alturas, nadie lo hace.
Ahora, entre la dificultad de respirar y las aluciones que ocasionaba la falta de oxígeno en el cerebro, me encontré caminando hacia la "Nueva Jerusalén", a mi paso encontré flores de colores exóticos, grandes cascadas de agua cristalina, que a ratos cambiaban de tonalidades. El cielo, de un azul celeste, iluminaba el valle y un sol radiante cuyos rayos color dorado podía visualizar en el horizonte, sin que mis ojos se marchitaran, guiaba mi sendero. No respiraba, ni reía ni lloraba. Flotaba en el aire, aunque de vez en cuando mis pies podían sentir la cálida textura de la arena plateada que adornaba el valle.
A lo lejos, divisé la tribu de los lamanitas, los niños de piel verde azulada corrían libres en el campo. Lingotes de oro colgaban de árboles, azucenas perfumaban el ambiente y chamanes se reunían entonando cánticos de alabanzas. Un hombre se acercó a mí, me tendío su mano abrillantada, suspiré, en ese instanté una voz lejana me llamó: ¡Mamá, Mamá!. Mi cuerpo comenzó a sacudirse, exhalé una bocanada de aire, al abrir los ojos me encontré en mi cuarto, con el rostro pasmado de mi hija mirándome fijamente, abrazándome y sollozando. Mi viaje había terminado, no morí. No pude disfrutar de las bendiciones de los lamanitas.
Me arrodillé, volvía a pedir perdón.
Mi hija, sin reprocharme nada, me acompañó en la oración. Por la Intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.
Santurrones de los Últimos días.
"Si tu JESÚS es mejor que mi JESÚS, tienes que probarlo"
Por la intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén. Dios sabía, tenía que saber que en el fondo de mi corazón, sólo quería ser un buen Mormón. Morir y tener una vida más allá de la oscuridad. Sólo quería eso, ir al cielo y procrear hijos celestiales color amarillo, pero no como los orientales; si no amarillos como cada rayo de sol o como los lingotes de oro que los Lamanitas ofrecían a sus colonos. Estaba abstraído en mis oraciones cuando la vi llegar, fue como una aparición, se había puesto aquella lencería de cuero que me volvía loco, con encajes de color púrpura y una Boa de plumas que yo mismo le había regalado por su cumpleaños. Debo confesar, que disfrutaba cada minuto que mis manos permanecían atadas a la cabecera de la mancillada cama, la bola de plástico que había introducido en mi boca, limitaba mis expresiones, pero ella sabía elevarme al placer infinito,conocía muy bien como acelerar las palpitaciones y sofocar los sentidos.
Jamás mi cuerpo permaneció desnudo frente a ella, el inmaculado Garment protegía mi humanidad de la impureza del adulterio. Era evidente que yo no quería un hijo fuera del Matrimonio, porque eso me haría un pecador y puedo ser de todo, hasta un monstruo, pero jamás un pecador. No esperaba dejarla embarazada,ella siempre creyó que mi "ropa mágica" la protegería. Se colocó la máscara y comenzó a azotarme, me castigaba y encendía la pasión, era una llama incesante. A estas alturas, ya no podía seguir hablando del Ángel Moroni. Ni su trompeta, ni el profeta Smith podían sacarme ya del libidinoso placer de su boca, de su caricias, ni de sus tacones puntiagudos que penetraban la piel de mi abdomen.
Por la intercesión de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.
No pretendía usar el nombre de Dios en vano. Al terminar nuestros encuentros, siempre me ponía de rodillas y oraba junto a ella, porque su anhelo era morir, morir bendecida. Ya los Bautistas habían intercedido por ella, los Hindúes, habían festejado en banquetes y los católicos le habían impuesto penas de "Ave Marías y Padre Nuestros", que ella no había sido capaz de cumplir. Pero yo le amaba, amaba su rostro blanquecino, su cabello negro y la mirada profunda y centelleante que me apuñalaba el corazón cada vez que sus ojos se posaban sobre mí. Sólo yo, un buen Mormón, que le amaba con la Fe de mi convicción, podía hacer de ella una mujer de bien, sin pasado y sin pecado.
Pero ella no conocía de amor, sabía de castigos. Era una maestra con el Látigo, la Pala y el antifaz. Dejé sobre su mesa un buen fajo de billetes. Al final, todo terminaría mal, siempre el dinero cambia a la gente. Me fui, como el santurrón que aparentaba ser, el "elegido", el que va de "dos en dos", el de los últimos días. Ella sonrío desde la puerta, era cerca de la media noche, vi sus muslos asomarse por encima de la dormilona de seda. Encendí un cigarrillo, quise decirle "Te Amo", pero una persona que jamás ha sentido amor en su corazón puede entender la profundidad de esa palabra. De pronto, me encontré frente a la capilla, contemplando los pinos que adornaban la entrada y deletreando cada palabra que había sido grabada en la placa de mármol que identificaba a la congregación. Ahora yo estoy aquí y tu allá, es así. Sigo construyendo heridas, las cubro en círculos de oración.
Al llegar a casa, cuelgo mi abrigo y acomodo el maletín sobre la biblioteca. Aquí sigo siendo yo, el esposo amable y el padre de Antonella. Brenda, mi mujer, me recibe con su sonrisa añejada y su perfume a orquídeas, el mismo que siempre ha usado durante décadas, ese que ya me da igual, como su piel, arrugada y vencida que no inspira deseos carnales. No quiero estar aquí, sino allá; atado a la cama, volviéndome indigno. No creas que sólo por dejar de tomar Café puedes ser un Buen Mormón.
Continuará.
Héroes Anónimos
"(...) Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado,
un dia especial este 11 de marzo,
me tomas la mano, llegamos a un tunel
que apaga la luz".
un dia especial este 11 de marzo,
me tomas la mano, llegamos a un tunel
que apaga la luz".
Recientemente conversaba con una persona sobre la poca disposición que tenemos los seres humanos por estar "dispuestos" y por "ayudar" al prójimo. Los antivalores han dominado la escena últimamente, veía la imagen del Papa Francisco "volando" como un superhéroe, su sonrisa amigable y la intención, maleta en mano, de rescatar aquello que nos hace mejores personas, aquello que sin duda, hace que cambiemos al mundo: Valores. El Papa, al menos, tiene la disposición de revolucionar (aguas adentro) a la Iglesia Católica y la imagen (un tanto negativa) que se ha tenido de ella durante algún tiempo, haciéndola más humilde y más cercana a los fieles. Pero este escrito no es sobre el sumo pontifice y su cruzada contra el "mal", se trata de héroes, pero no de los que tienen capa, armas súper poderosas, lazos mágicos, un genio en una botella o los calzoncillos por fuera de los pantalones; se trata de héroes reales, de carne y hueso, que viven junto a ti y que con sus acciones nos animan a ser mejores personas y que no deberían quedar en el olvido.
Sin miedo a nada.
No puedo ni siquiera imaginarme lo que pasaba por la mente de José Infante la mañana del 14/01/2014, cuando (quizás por intercesión de la Divina Partora), se percató de la irregularidad con la que operaba un transporte escolar por las empinadas calles del sector La Manguita, en el Estado Carabobo, y no titubeó en seguirlo. Creo que no alcanzarían las palabras para describir los miles de sentires que estremecieron la humanidad de José al ver la alucinante imagen, todo en milésimas de segundos, el impacto, el llanto, la desesperación. José, no tuvo que frotar la lámpara mágina, ni blandir las espadas de Greiscol o del Augurio, el joven no andaba en un caballo blanco o tenía un Gemelo Fantástico, simplemente le bastó su convicción y su amor por el prójimo. José tenía disposición de ayudar, reaccionando más allá de su limite y permitiendo que tres niños pudieran vivir, niños que podrán reescribir su historia gracias a un joven que con tan sólo 24 años, cambió al mundo.
Los medios de comunicación reseñaron a José Infante como un hombre de "mirada perdida", tras la tragedia de la cual le tocó ser parte. No es para menos, ahora en su brazo derecho queda tatuado el recuerdo de ese día, entre la impotencia de no haber podido hacer más y la satisfacción de haber logrado una extraordinaria hazaña. José, seguramente no espera trofeos ni medallas, tampoco el reconocimiento público, lo veo en su humilde expresión y en su gentil conversar. Él no lo espera, pero nosotros sí, porque los héroes que lo arriesgan todo sin esperar gratitud no merecen quedar en el olvido, para él, mi admiración y mi aplauso de pie.
De la Mano con Pedro.
Seguramente, este joven estudiante de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, no pensó que su vida cambiaría aquella mañana. Tal vez, ese día empacó su entusiasmo y sus ideales de lucha, probablemente jamás pensó; que uno de esos días, de los que van de lunes a viernes, abordaría el transporte que cambiaría su vida para siempre, de estación a estación se iban generando los sueños. Nadie puede imaginarse el dolor físico y emocional vivido por Pedro, jamás podría atreverme a describir sus sentimientos; ese día, en el que casi se apaga la luz, Pedro perdió sus piernas. Pero no su impetú, sus ganas, su fortaleza espiritual. No ha sido un camino fácil, pero este Joven ha demostrado tener disposición de vivir, de luchar y seguir creciendo. He visto sus progresos en las redes sociales, Pedro no se ha rendido, es un héroe porque más allá de las limitaciones, la esperanza nunca le ha abandonado, la fuerza y la fortaleza que tiene este muchacho sólo se puede comparar con la energía nuclear y más allá, me atrevería decir. Él sigue soñando, sigue retando al futuro, llenándose de Fe, ahora más valiente que ayer, porque la vida le ha regalado una nueva oportunidad.
Peluche, Capitán y Collie.
Dicen que el mejor amigo del hombre es el Perro. Al decir esta frase, vienen a mis pensamientos imágenes borrosas de Peluche, el cariñoso can que siempre estuvo al lado de mi padre, día y noche, sin importar la hora o el clima. Su pelaje marrrón- rojizo y alborotado, le hizo acreedor de su nombre. Peluche corría cada mañana, durante casi más de diez años, a los brazos de su dueño, moviendo la cola y dando lenguetazos en señal de cariño. Así era, indefenso, porque encontraba en su amo alguien que le brindaba cariño y protección; un guardián, porque no dudaba en gruñir o en mostrar la temible dentadura ante la amenaza de extraños o la sensación de peligro.
Recuerdo además, que había una canción que a mi hermana hacia llorar, tenía una estrofa que decía así: "Allí estaba echado un perro, sin comer y sin dormir, quería mirar a su dueño, no le importaba vivir". Esto me viene casi como anillo al dedo para hablar de Capitán y Collie, recientemente leía artículos referidos a estos perritos, que todo lo han dado por sus dueños, siendo guardianes de las tumbas de éstos, viven a la intemperie, de la indulgencia de extraños. La mala noticia es que Collie murió, estaba deshidratado y con daño en sus riñones, ahora seguramente juega junto a su amo en el mundo del más allá, o se despertará saltando de nube en nube, en el cielo de animales.
He ahí mis héroes, mi pequeña porción de admiración. La lealtad no tiene precio, la esperanza no se vence y el miedo jamás será una excusa para no hacer nada. Sigamos adelante, los sueños se acaban sólo cuando muere el soñador, cree en tí, en tu capacidad de cambiar al mundo.
Historias de Danzón y Arrabal: El Pájaro de la Bruja (Cap. II)
La música sonaba y
el salón se llenaba de las más añejas melodías. “El Tango del Pecado”, acercaba
a las parejas en una danza misteriosa, en un baile que los hundía cada vez más en
la oscuridad. Apagado el rebullicio por la escapada de “Esmeralda”, la
serpiente que adornaba los bailes de Lucrecia, todo volvía a la normalidad, seguía
el desborde de lentejuelas y escarcha; en las esquinas, se confundían los
amantes entre los destellos de la luz escarlata.
Victoria
había pedido que Aquiles
saliera del cuarto, aún le erizaba la piel pensar en la muerte o en lo que
aquella carta tan oscura había anunciado. A las afueras de la
“Enramada”, el extraño cántico de un ave atormentaba el silencio de la noche y, en la puerta, receloso, recibía a los clientes con las “Buenas Noches”, el más
fiel de todos los empleados: Rhadamés
¡Hasta
cuando este trabajo!, esto no me hace feliz. Este lugar de perversión es un
nido de víboras!, refunfuñaba el tosco Rhadamés. Junto a él Carmen, una Hermosa
mujer ataviada en traje negro azabache, sostenía en sus manos el dorado filo de
una bandeja en la que servía tragos. Cotizaba sus besos con alto precio… Su
Mirada, la que traía la muerte, embrujaba a Hombres y Mujeres por Igual.
La mujer miró detenidamente al portero, mientras le decía: Sólo por las noches te siento
así. Cuando comienza la fiesta en este Lugar!; hizo una pausa y continuó, Aunque no en todas te veo
triste, a veces pienso que algo malo has visto o algo malo has… (suspiró) Mira!:
Allí viene la chica, esa que se ha hecho consultar con la Gitana.
El hombre hizo un ademán de desinterés. Como si tuviera tiempo para
tonterías!, Debo seguir en este horrible trabajo en el que sólo obedezco.
Obedecer es nuestro destino y aquel que no quiera someterse a la obediencia
será necesariamente aniquilado. (Pausa), Aniquilado! Sí, ahora que no quiero
someterme a la obediencia me siento aniquilado… Debo olvidar lo que había
olvidado y que tú me has recordado.
La mujer lo observó con estupor. Esta noche el pájaro de la bruja
anda suelto… por eso es que te hace filosofar, como aquella noche en la que el
Rey perdió su corona.
Ja!,
Todas las lágrimas y todos los agasajos posibles no compensan un momento
de placer envenenado por el despecho y la odiosa conducta de una tiranía.
Silencio!
Calla!.¿Por qué este empeño?, ¿por qué esta
exaltación?. Tu elegiste este trabajo!. Así que nada de sufrimientos. Le dijo Carmen, mientras con su mano tapaba la boca del portero.
Triste destino, este lugar de depravación me
ha condenado.
¿Ahora
te pesa ser un asesino?.- Le dijo de manera retadora la mujer.
Rhadamés sorprendido le grito: Un asesino!!!! Yo no soy un
asesino! No!. Entonces deja de lloriquear.- Susurró Carmen.
¿Serán
acaso estos remordimientos mi condena?. No soy un hombre normal, Soy un
anormal!, no vivo como los demás, tengo que refugiarme en las sombras de la
noche para esconder mi pecado… “Mi pecado”, No! No es un pecado el mío, yo soy
un pecador!
Deja
de pensar en eso, si todos los hombres pensaran en el lado oscuro de sus
acciones, todos! Pero absolutamente todos! sabrían que sólo con el pensamiento
han mancillado su honor.
El hombre la miró, se encogió de hombres y dijo: Ya!…
ha llegado la hora en que Rhadamés , este anormal servidor, tiene que ir en
contra de las leyes de la humanidad.
Con
apresurado paso y como quien busca algo sin saber qué, Victoria se acarició el
brazo y se acercó a la puerta, al encontrarse con el portero, le dijo suplicante: ¡Señor, señor! Quizás
usted me pueda conceder el favor de que mi amigo Aquiles y yo podamos pasar la noche aquí… Por Caridad. Carmen,se
acarició el cabello. Dirigió su mirada a Rhadamés
y con voz firme y desafiante le increpó: ¿Ahora
vas hacer el guardián del destino de esta chica?
Es
sólo que… ha oscurecido muy pronto y no queremos aventurarnos a manejar por una
carretera que no conocemos.- dijo Victoria.
¿Será que tienes miedo?, ¿Qué te ha dicho la Gitana, qué cosa grave han
marcado las cartas para que te pongas así?.- El portero interrumpió las irónicas interrogantes de Carmen.- ¡Deja
de atormentar a la joven!.
No
pienses que te puedes quedar en este lugar, respondió la mujer desafiante-. Nadie puede competir con mi
belleza!; te arriesgas a mucho. Aquí, en “la Enramada” todo lo he conseguido, pero también todo me han quitado.
¡Por
caridad!, por Dios!... Usted…Usted, que se ve que es bueno, haga que nos
permitan quedarnos.-Rogó a Rhadamés. -Disculpe Joven! No puedo hacer nada, le dijo el hombre mientras se daba media vuelta.
Sobre la Barra, Aquiles, el escéptico, dejaba de
un lado su sombrero. Admiraba la belleza de las mujeres que se paseaban a su
alrededor. Y aquella noche, la de luna
llena, miró sus ojos y de ellos no pudo escapar. “La Gran Dama”
se le acercó, rodeó sus hombros y le entregó una Rosa. ¿Y esto?, un hombre como yo, puede
ser merecedor de tan noble gesto?
Una Rosa encierra muchos
secretos, la pregunta es: ¿Un Hombre como Tú, puede descifrar el Misterio que le
Rodea?.- Le dijo la mujer, mientras humedecía sus labios en vino tinto. La Conversación se vio
interrumpida por una agitada Victoria que corría al encuentro de su amigo.- Vamos, tenemos que salir de aquí.
Sin
siquiera dejar despedirse, Aquiles salió tomado del brazo y casi a empujones de
aquel lugar. Ya en las afueras de la “Enramada” y abrigados bajo el frío manto
de la medianoche, Victoria se disponía a abordar el Vehículo que los había
llevado hasta allí, cuando de pronto llevó sus manos al rostro y gritó: .-¿Vist, viste?
¿Qué cosa?.- Interrogó Aquiles.- Es una cosa oscura allá, en la
puerta de la “Enramada” .-Casi llorando-. No he visto nada, debe ser el
reflejo de la Luna.- NO!, NO!, gritó la chica desesperada.- Él está
ahí, en ese lugar, ¿No lo ves? Es un ser de otro Mundo.
La chica abrazó a Aquiles. Se
refugiaba en sus brazos, él trataba de averiguar con su mirada que cosa extraña
había causado tanta alarma en la Joven. ¿Desde cuándo ella, Victoria, había tenido tanto
miedo a lo sobrenatural?, ¿Desde cuándo la había asustado nada?. Otro vistazo
más y divisó algo oscuro en las ramas del viejo samán que había frente a la
casa. Era un cuervo, tan inmóvil como las viejas estatuas de la ciudad. Y de
seguro era la cosa que le atemorizaba. Era el cuervo más grande que había visto
nunca, gordo y brillante, con arcos iris centelleando en sus plumas negras.
Podía ver cada detalle con claridad: Las ávidas garras oscuras, el afilado
pico, el individual y amenazante ojo negro. Y mientras lo contemplaba
fijamente, una Voz masculina detrás de él, le dijo:
¡Es el Pájaro de la Bruja!.- Gritó Jonás.
Continuará…
Senza Fine (Sin Fin)
"No me importa la luna
no me importan las estrellas
Tú para mí eres luna y estrellas"
no me importan las estrellas
Tú para mí eres luna y estrellas"
Los sueños no tienen fin. La esperanza tampoco debería. Los nuevos comienzos, sea cual fuere su naturaleza, siempre significan un cambio en nuestras rutinas. No es bueno acostumbrarse a estar acostumbrado, aunque a veces es bueno retomar lo clásico, este paso no debe confundirse con quedarse estancado, siempre es necesario evolucionar; el cuerpo, el espíritu y la sociedad así lo reclaman. Lo clásico es enamorarse con detalles, con rosas, con chocolates, con simplezas tan comunes como la flor arrancada del jardín de una plaza, como un "Te Quiero" en una servilleta, como un beso robado a la luz de la luna; el clásico enamoramiento, con sus salidas, sus manos agarradas, las películas, los llantos y las sonrisas.
Hay otras cosas que también nos hacen querer volver. El típico desayuno
que consumimos en nuestra casa materna, los olores que acompañan a determinados recuerdos, los colores que nos recuerdan la niñez, el frío que nos hace sentir vivos; pero sobre todo, la inquebrantable Fe que nos impulsa a soñar sin fin.
Sólo en sueños es libre el hombre. Esa frase me recuerda a los anhelos de la infancia y de la juventud que se va perdiendo y a las conversaciones que se van teniendo con los amigos, esos que se van, que regresan, que se mantienen y que permanecen. Tanto tiempo que invertimos en ver vidrieras, criticando o alabando ropas que no sabemos si podremos comprar o que nisiquiera queremos comprar, pero lo hacemos porque actuamos como autómatas, nos hace falta más amor, amar sin fin.
Artesanía de Amores. El que obra bien en la tierra, rara vez pasa desapercibido en el más allá. En ese mundo incierto que no sabemos si existe o la cualidad que tendremos cuando nos albergue. Sólo sabemos que está ahí, es un no sé qué, con miles de no sé quiénes.La vida simple, con nosotros o sin ella, se trata de ir dejando huellas, de hacer camino al andar (como dice la canciòn), de hacer favores que contribuyan a alimentar el espíritu, haciendo de ti/de mi, una mejor persona, porque con ello, lograrás cambiar al mundo. Dicen que la cantidad de personas que asisten a tu funeral, mide, en gran medida, la calidad de persona que eres y los aportes que has dejado a la sociedad.
Comencemos entonces a amar. El amor se refleja no sólo en el acto carnal y emotivo de tener una pareja, el amor se refleja en la cantidad de sonrisas que estas dispuesto a regalar y que recibes. En los abrazos, en las miradas, en los actos de caridad, en la bondad y en la amistad que se brinda.
No me importa si no toco las estrellas, porque sé mi aliento nunca será suficiente para llegar a ellas. Me importa la esperzanza, porque alimenta mi motor de vida. Me inclino a los sueños, porque sin ellos no se puede vivir y yo quiero vivir así, lleno de Fe, de anhelos y de fortaleza. Yo cambiaré al mundo, barreré tristezas y seré artesano de amores, es mi compromiso, además de amarte así, Sin Fin.
Capítulo I: La Enramada
Cauri, la señorial y cálida
ciudad, abrigaba entre su lado más oscuro aquella casa rodeada de historias, de
fantasmas y de mujeres misteriosas. Cauri, paradójicamente, era el símbolo de
la fertilidad y la feminidad, en un pueblo donde las mujeres temían salir
embarazadas, porque en aquella tierra, los niños morían antes de llegar al año.
Una ciudad que no se inmutaba
ante el paso del tiempo. La segunda más chica de la República y la primera,
quizás, en donde los humanos convivían con ángeles y demonios. Sus calles
soportaban a diario, el rutinario andar de hombres y mujeres y el mecánico paso
de los vehículos. Sus plazas y parques eran vigiladas por monumentos a los
grandes Héroes y Reyes que levantaron la comarca en tiempos de la colonia.
Pero Cauri, ciudad de bruma, de
secretos y de miradas fúnebres, atesoraba en su seno el centro de fiestas más
grande de la región; Una Casona de antaño, con largas columnas y árboles que
custodiaban la entrada principal, y en la puerta un diminuto aviso que indicaba:“La Enramada”,un arete que
sobresalía en el corazón de la madera y un tapiz adornado con la Luna y el Sol
en perfecta armonía, le daban la “Bienvenida” al viajero o al cliente de
paso. De esta casa se decían muchas cosas: Se detenía el tiempo, se ganaban amores
o se perdía la vida.
La “Enramada” era un sitio místico, mágico, alegre. En ella, se
desbordaban las lentejuelas, la escarcha y los perfumes mezclados entre el
cigarro y el alcohol. Un sinfín de historias se construían en su interior, un
extraño contonear marcaba la hora y una luz, la luz escarlata de la esfera de
cristal, hechizaba a mujeres y hombres por igual.
Era la llamada hora del
“Ángelus”, pero esto sólo lo sabía Lucrecia.
A su paso, un distinguido
caballero se alza el sombrero y le tiende la mano para que suba sin tropiezos
los primeros escalones. El vehículo había quedado a escasos metros de la puerta
principal, y un concierto particular de sonrisas y tambores se escapaba ante el
cadencioso baile de una mujer que ataviada en Rojo Sangre, enroscaba una
serpiente en su garganta.
Avanzaron hacia la barra. Sus
ropas sobresalían ante el barato desfile de vestidos de flores y camisas
arremangadas. Él, era un muchacho de rostro vivaz, alegre y Mujeriego, vestía
un bien cortado traje de color azul. Victoria,
su acompañante, cubría la mirada con gafas que le abarcaban hasta el pómulo,
alta y de contextura delgada, expandía su pecho al ritmo de la respiración. En
sus manos, surgían vigorosas tres pulseras doradas.
Su piel, blanca y de finas facciones, cobraba mayor lucidez al
ser adornada con dos ojos azules que asemejaban las límpidas aguas del mar.
Aquellas dos figuras perdidas en
el centro del salón eran: Victoria
y su gran amigo Aquiles.- Las 7:00 de la noche,
hemos esperado lo suficiente como para que nuestra cita ya haya llegado, dijo la chica con tono de preocupación.
-¡Vaya lugar que has
escogido para tu “aventura”!. Yo sé que no debo hacer preguntas inútiles, pero
¿Cómo es que has concebido encontrarte con alguien en un sitio como este?.- Increpó el Joven acompañante. -Mi
querido amigo, en la Vida siempre tenemos una cita con Dios, cada segundo que
transcurre de nuestra existencia tenemos una cita con nuestro destino… Además,
¿Me vas a decir que tenías algo mejor que hacer que estar aquí?, relájate, de
seguro podrás conseguir algo para ti.
El hombre la miró pasmado. .-Ja! ¿Ahora me vas a decir que te
encontrarás con Dios aquí?.
Con movimiento seductor, Lucrecia, la que llamaban “La Gitana” bajó del escenario y
se acercó hasta los inquietos jóvenes. .-Nunca dude usted de eso, quizás
Dios puedo ser Yo.
En el salón había varias parejas
bailando. Lucrecia se perfumó con aceite de almizcle, guardó algunos billetes
que había obtenido después de danzar y alisó las mangas de su vestido. Victoria encendió un cigarrillo,
aspiró el humo… bebió un sorbo del licor que le habían servido y tiró los lentes sobre la barra.- He venido a que me lean las
cartas, he conversado con un viejo amigo y me ha dado algunas recomendaciones
sobre usted, le dijo titubeando la chica.
La Gitana la miró sonriente y dijo: .-Supongo que su amigo es el Periodista. Nunca pudo
recuperarse de la muerte de su hijo. Pero algo le advierto: En la “Enramada” siempre ronda la
muerte y el crimen.
La Mujer a la que nadie se
atrevía a llamar por su nombre se acercó a Lucrecia.
No se sabía muy bien quién era, ni de dónde venía pero le llamaban “La Gran Dama”, los más ancianos
decían que ella era la Aluca (Demonio Mujer) misma.
.-Así vas asustar a los clientes.
Yo sólo tengo que decir que en la “Enramada” sólo hay Bondad, Paz y alegrías. -Descuiden, interrumpió Victoria, las citas siempre son
un preámbulo a grandes aventuras… No le temo al destino.
Victoria y Aquiles caminaron
guiados por la Gitana. Una
mesa cubierta con fino mantel, extraños signos dibujados en la pared y
oraciones celtas recitadas por Lucrecia,
dieron inicio a la consulta. Un mazo de barajas se extendía sobre la mesa.
.-Veo que este no será un día
perdido. La primera carta que ha salido es la Trece (13); ¡El Arcano de la Muerte!. Victoria miró a Aquiles. No pudo
ocultar el temor que le causaba aquella revelación: “El Arcano de la Muerte”. De repente, todo se nubló, había
gritos en el salón contiguo y la serpiente emergió arrastrándose por el
pasillo. El silenció gobernó en el cuarto, Lucrecia
se contoneaba al compás de un ritmo casi imperceptible, tomó a Esmeralda entre
sus hombros e hizo sonar campanillas.
.-Que haya salido la carta Número
13, no significa que vas a morir. No “por los momentos”. Jajajjajajajaja.- dijo la Gitana en medio de la risa.
CONTINUARÁ…
El Circo de los Monstruos
AQUELLA TARDE,
lo vi enmudecido,
blasfemando y vomitando infectos líquidos,
descalzo y harapiento,
moribundo por las úlceras de su piel,
estaba allí, con el corazón a carne viva,
estrellado y atosigado por las luces,
el infinito estridente de la trompeta y el silbato,
a la imagen y semejanza, pero de toscos moldes,
con grilletes perseguía su libertad,
mutilados sus dedos, incapaz de sanar,
Dios le había olvidado,
y un público hambriento de impurezas
babeando sus infantiles esperanzas
allí estaba lo elementalmente necesario,
para alguien que había perdido la FE
el espejo y YO.
lo vi enmudecido,
blasfemando y vomitando infectos líquidos,
descalzo y harapiento,
moribundo por las úlceras de su piel,
estaba allí, con el corazón a carne viva,
estrellado y atosigado por las luces,
el infinito estridente de la trompeta y el silbato,
a la imagen y semejanza, pero de toscos moldes,
con grilletes perseguía su libertad,
mutilados sus dedos, incapaz de sanar,
Dios le había olvidado,
y un público hambriento de impurezas
babeando sus infantiles esperanzas
allí estaba lo elementalmente necesario,
para alguien que había perdido la FE
el espejo y YO.
Mi adorado Tormento.
A mi musa inspiradora.
Mi Adorado Tormento. Todo parece que me ha dado por extrañarte. Hay cosas que sencillamente no puedo decirte mirando a la cara, porque me distraigo con la hermosura de tu belleza. Me divierto admirando la línea que recorre tus labios gruesos y malévolamente seductores. Tus labios pecaminosos, carnales y diabólicos.
Me abstraigo mirando tus ojos, recordando esa extraña costumbre que tienes de marchitarlos a la luz del sol, sólo para que te cambien de color. Tus ojos de niña tímida y ensimismada. Toda tú eres una contradicción llena de delicados y toscos detalles. Actúas como una desenfadada Amazonas, pero a la vez eres la encarnación de la bella Afrodita. Mi ninfa colorada, mi musa inspiradora. Así eres tú, perversa y milagrosa a la vez.
Añoro esos abrazos que nunca nos dimos. Y debo confesar, que muy a pesar de lo que irradias cuando te maquillas, lo detesto. Odio tu maquillaje, porque te hace parecer más altiva, más independiente y glamorosa. Y yo no te quiero así, te anhelo con tu cara lavada, con tu sencillez de mujer, porque así puedo protegerte y llenarme de ti. Soy egoísta, lo sé. Vivo por ti, por tus caderas y tus largas y delgadas piernas.
No recuerdo el aroma de tu perfume, nunca te importó cubrirte de jazmines u orquídeas. Simplemente así eres. Mi beldad incesante, deja que te cuente el mundo que ven mis ojos, este que te relato con aquellas palabras que se dicen, para no decir amor.
Me ha dado por extrañarte. En estas líneas, quiero homenajear esos detalles, esa voluminosidad de sentires que hay en tu piel. Tus manos, con tus largos y delgados dedos. Esas que tienen la capacidad de metamorfosearse. Así eres tú, una virgen con rostro de porcelana. Una niña desprotegida, hilvanando sueños bajo la lluvia mientras pierde su antifaz de mujer devoradora de hombres.
Sumergida en la pureza del agua, puedes ser tu. Con tus largos y finos cabellos destilando deseos y alucinaciones de ardiente pasión. Divina mujer, vino que embriaga los pálpitos de mi corazón. Así eres, una sirena que hipnotiza marinos con cánticos angélicos. Vampírica ilusión que nubla mis noches en extasis maldito.
Mordido por el áspid del encanto me has dejado, idolatrando tu estirpe. Reencarnación del tintín de los deseos, que exaltan los sentires al paso del amante cautivo. Debo confesarlo, hay condenas que se ansían. Estoy contigo, envuelto en espirales de místico curso. Mi amor oculto, que todo lo abarcas en la unidad del alma, luz radiante y tiniebla oscura, la vida escondida que vibra en cada átomo, mi lindeza incesante, me has dado todo y todo me lo has quitado.
Mi adorado tormento, es tu día. La naciente diosa se bendice por la gracia de la providencia. No te olvides que más allá de los avatares del tiempo y de los recuerdos que se han empacado, persiste nuestro encuentro.
Palomo y la Trucha, en el Paso de los Andes.
Erase una vez un hermoso caballo
blanco, de pelaje tan puro y tan liso que parecía haber sido tejido por los
ángeles. Sus ojos eran azules, límpidos y profundos como el Mar Caribe. Su
relincho era bravío y elegante, propio de la estirpe de sus antepasados; todos
comentaban que su Tatarabuelo Pegaso, había conducido al invencible Hércules
por los senderos más increíbles, cabalgando, inclusive, por sobre el mismo
cielo. Palomo, era su nombre, equino de corazón y coraje envidiable. Sus patas,
fuertes y ágiles, recorrieron muchos kilómetros en compañía de hombres y
mujeres que luchaban por un sueño: La Libertad de su pueblo.
Era el tiempo de Palomo, quien
fue escogido por Dios para que acompañara al Libertador Simón Bolívar, en la
gesta independentista que llevó a América a romper las cadenas de la opresión. Cierto
día, en que Palomo se acercó a un arroyo ubicado en los Andes Venezolanos para
beber un poco de agua, se sorprendió cuando una Trucha, dando saltos
desesperados, se dirigió hacia él diciéndole:
-¡Ey Tú, ayúdame a salir de aquí!
Palomo lo miró extrañado, se
acercó un poco más y, soltando una carcajada, le dijo: -¡jajajaja!, ¿Acaso no
te has dado cuenta que si sales del agua vas a morir por falta de oxígeno?
-No es tan fácil como parece
amigo, yo quisiera volar, pero no tengo alas. ¿Cómo vas a caminar tú, si ni
siquiera tienes patas?
-Por eso es que quiero que me
ayudes, necesito llegar hasta la Piedra del Indio, allí podemos encontrar a Chía,
la Diosa Lunar, y pedirle que conceda nuestros deseos.
-¡Tonta Trucha!.- Exclamó
Palomo-. ¡Chía es sólo un cuento para niños y cachorros!, y tú y yo, no somos
ni lo uno ni lo otro. Y diciendo esto último, volvió a soltar una carcajada.
-¡Anda caballito!, vamos llévame
contigo. Insistió la Trucha dando saltos sobre el agua.
Palomo miró al pez con
incredulidad y le dijo:- ¿Cómo se supone que vas sobrevivir fuera del agua?
-Fácil, llevaré un poquito de
agua dentro de una bolsa y cada cierto tiempo me alimentaré y tomaré de ese
oxígeno, además puedes lanzarme al agua varias veces y así no moriré.
-Tengo que pensarlo, le dijo el
caballo a la Trucha. Tengo responsabilidades con mi amo, es el Libertador de
las Américas, no puedo abandonarlo así.
La Trucha se quedó en silencio
por unos minutos. Estaba sorprendida. Se hundió en el agua y dio un gran salto.
-¡Vaya!, si eres Palomo, el
Caballo de Don Simón Bolívar. Ahora más que nunca estoy convencido de que sería
un honor hacer esta travesía contigo. ¡Llévame, vamos a ver a Chía!
Palomo posó su mirada sobre el
General, vio a su alrededor, contempló a
los soldados, cerró y abrió los ojos, miró a la Trucha y, finalmente, le dijo:
Déjame pensarlo esta noche y mañana te doy una respuesta.
El caballo se dio media vuelta y
se dirigió a la carpa donde estaban los oficiales y el Libertador. Los vio
conversando, trazando estrategias para las batallas y escuchó a Don Simón
decirle al Patriota Francisco de Paula Santander, que pronto se avecinaría un
enfrentamiento con un realista de apellido Barreiro, y que por eso debían
viajar por la ruta que conduce hacia la llamada “Piedra del Indio”.
Escuchando esto, el caballo soltó
un relincho de emoción que estremeció la montaña. Don Simón caminó a prisa, se
acercó hasta él y le acarició el lomo, pasó su mano por la cara y le dijo: Tranquilo
Palomo, todo estará bien, recuerda que “Con valor se acaban los males”. Luego, se
marchó a la carpa.
Al
amanecer, el Caballo se dirigió hasta el arroyo y allí se encontró con la
impaciente Trucha que daba saltos sumergiéndose una y otra vez en el agua.
-¿Qué
has decidido amigo, me llevaras contigo?
-Has
tenido suerte, Don Simón ha trazado la ruta justo por el sendero que nos
conducirá hasta la Piedra del Indio, partiremos al medio día.
-¡Hurra,
Hurra! Gritaba sonriente la Trucha. ¡Gracias amigo, gracias!.
-Palomo
lo miró serio y le dijo: Vendré por ti en unas horas, procura abrigarte bien
para qué no te congeles y consigue lo necesario para que no mueras a falta de
oxígeno, no quiero ser responsable de eso.
-Tranquilo
caballito, dijo la Trucha sonriendo felizmente, ya verás que tengo todo
“fríamente” calculado.
Al
llegar la tarde, Palomo se acercó al arroyo y recogió a la Trucha, que se
escondió entre el pelaje que caía de la cabeza del caballo. Al verla, no pudo
aguantar las ganas de reírse y soltó una carcajada, la Trucha estaba cachetona
y gorda de tanta agua que recogió para el camino.
-Ya
verás que seremos un gran equipo, cuando pueda caminar te acompañaré en las
batallas y junto al General de los
Generales, Don Simón Bolívar, contribuiré a la Independencia plena de América.
El
Caballo lo miró y le dijo: Me enorgullece tu sentido Patriótico, ojalá esto de Chía
no sea sólo una fábula, si pudiera conseguir alas como las de mi ancestro
Pegaso, no sólo libertaremos la tierra, sino que elevaremos hasta el cielo el
ideal Bolivariano. Ahora dime tú, pequeño pececito, ¿por qué quieres caminar,
si en tus aguas eres un rey, si navegas a todos los sitios que quieres y tienes
lo suficiente para subsistir?
-Déjame
que te cuente el mundo que ven mis ojos, le dijo el Pez. En el agua, no hay guerras,
sólo la de supervivencia, pero ya esa es cuestión de la naturaleza. Yo quiero
hacer más, quiero correr, quiero enarbolar la bandera, dejar mis huellas en la
arena y gritar: ¡Libertad! Yo quiero ser un soldado de la Independencia.
-Es
un sueño muy heroico. Es una hazaña muy grande y descabellada a la vez la que
quieres lograr. No creo que vivir en el agua sea tan malo, después de todo, las
cumbres nacen en el fondo del mar. Lo que la tierra no nos da en alimento, nos
lo dan los mares y los ríos, con el agua saciamos nuestra sed y refrescamos
nuestros cuerpos.
-¡Yo
quiero hacer más!- Gritó la Trucha.-
Bueno,
esperemos entonces que al cruzar esta montaña, encontremos a Chía y que
nuestros sueños se hagan realidad. Y así fue como Palomo y la Trucha, caminaron
por varios días, parando de vez en cuando para que el inquieto pez se
sumergiera en el agua que proveía el arroyo. Finalmente, llegaron hasta la
“Piedra del Indio”, esperaron hasta la noche para separarse del ejército
Patriota y galoparon hasta el bosque. Llegaron a un sitio cuya claridad parecía
sobrenatural, estaba cubierto por míticos arcoíris y, en el medio, una enorme
piedra de color ámbar adornaba el paisaje. A la orilla del camino, corría
caudalosamente el agua pura y transparente.
-¡Chía,
Chía!- Gritó desesperada la Trucha. Hemos venido a tu encuentro, venimos desde
muy lejos, queremos conversar contigo, ¡Chía, Chía!
Palomo,
miró alrededor, no vio nada, todo estaba en calma. Se acercó a la Trucha y le
dijo: Todo está bien, sabíamos que era sólo una fábula para niños y cachorros.
La
Trucha se entristeció. De un saltó se montó en el lomo del Caballo y le dijo: Volvamos
con Don Simón, allá sí que nos esperan. De pronto, se empezaron a formar
burbujas en el agua, allí apareció Chía, altiva, como reina de todo lo
invisible, hada lunar que se abrió paso entre el río, su vestido estaba
adornado por estrellas de mar y el cabello rojo, tan rojo como la sangre que
bombea esperanzas, estaba coronada con un lucero.
-Sé
a qué han venido, les dijo Chía. Pero, mis pequeños y valientes amigos, no me
es posible hacer realidad sus deseos, ustedes han sido creados de manera que cada
uno pueda aportar lo mejor de sí al mundo. Pececito amado, aún cuando no puedas
caminar, puedes llevar el mensaje del Libertador por los Mares, por los ríos y
las lagunas, tú eres valioso en el agua porque aportas vida y alegría al mundo
marino. Y tú, Palomo, orgulloso debes estar por ser quien lleva sobre su lomo
al General Simón Bolívar, no importa que no tengas alas, tu valor te hará
recorrer caminos sorprendentes y llevaras a la América a conseguir la ansiada
libertad. Ya verán ustedes dos, que no importa como hayamos nacido, ni de qué
color sea nuestra piel o que forma tenga nuestro cuerpo, lo que importa es lo
que hagamos con nuestra vida y el aporte que dejemos en el mundo. Sean felices
con lo que tienen, cultiven su amistad. Recuerden que la felicidad no se mide
por la forma que tenemos, sino por lo que guardemos en el corazón.
Los
dos amigos se miraron sorprendidos, se abrazaron y caminaron juntos hasta la
carpa de Don Simón, allí se dijeron: Chía tiene razón, aún debemos recorrer un
gran camino, demos lo mejor de nosotros para que contribuyamos a la
construcción de la Patria que queremos, lo que verdaderamente importa son los
valores y principios que nos hayamos inculcados.
La
Trucha se despidió agradecida de Palomo y volvió al agua, de la que de vez en
cuando salía a saltos para saludar a Palomo y conocer de las hazañas del Padre
de la Patria y así poder contarles a todos los animales del mundo marino lo que
significaba la Libertad, expandiendo más allá de Nueva Granada el ideal
Bolivariano y elevando más allá de los libros mantuanos de la historia
Venezolana, el pensamiento y la gesta de Palomo, el caballo blanco de Simón
Bolívar, el tataranieto de Pegaso y su gran amigo.
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África
Suena en el silencio,
más a menudo se siente,
son aquellas palabras que han dejado los seres,
y trascienden entre los chasquidos del fuego.
Siente... es la voz del agua que acaricia el alma,
Escucha el silbato del viento,
ÁFRICA!!! resuena entre mis ancestros.
Los Muertos no están muertos,
aún cuando la maleza suspira
y las hojas sollozan,
ÁFRICA!!! son mis ancestros,
y es la sombra que se alumbra,
la pasión que se espesa.
Miro en la arena, en la palma y en la montaña
voy entendiendo, que los muertos no están bajo la tierra
están dentro de ti,
de la raíz del árbol que da vida,
del trueno que ensordece
del rayo que ciega,
de la luz que oprime
en las multitudes,
en el silencio.
Esta es la voz del viento,
el soplo del ÁFRICA mía,
de mis ancestros muertos
que siguen en pie,
aún no desvanecidos
mi vida es ÁFRICA y no se han ido.
No están Muertos!
Están en la mirada del cazador furtivo
del cascabel que llama,
del verde del bosque
dentro de ti,
dentro de mi,
Son mis ancestros!
África es mi vida,
y en la madera que gime,
en las letras que esbozo,
en la hierba que llora,
en la piedra que golpea, siempre estarás tu.
más a menudo se siente,
son aquellas palabras que han dejado los seres,
y trascienden entre los chasquidos del fuego.
Siente... es la voz del agua que acaricia el alma,
Escucha el silbato del viento,
ÁFRICA!!! resuena entre mis ancestros.
Los Muertos no están muertos,
aún cuando la maleza suspira
y las hojas sollozan,
ÁFRICA!!! son mis ancestros,
y es la sombra que se alumbra,
la pasión que se espesa.
Miro en la arena, en la palma y en la montaña
voy entendiendo, que los muertos no están bajo la tierra
están dentro de ti,
de la raíz del árbol que da vida,
del trueno que ensordece
del rayo que ciega,
de la luz que oprime
en las multitudes,
en el silencio.
Esta es la voz del viento,
el soplo del ÁFRICA mía,
de mis ancestros muertos
que siguen en pie,
aún no desvanecidos
mi vida es ÁFRICA y no se han ido.
No están Muertos!
Están en la mirada del cazador furtivo
del cascabel que llama,
del verde del bosque
dentro de ti,
dentro de mi,
Son mis ancestros!
África es mi vida,
y en la madera que gime,
en las letras que esbozo,
en la hierba que llora,
en la piedra que golpea, siempre estarás tu.










