
Subí, entre el verde oscuro y la esperanza que irradian tus ojos
Te llamé, como el niño que desesperado busca el seno materno,
morí y resucité a tus pies,
me diste cobijo,
llamaste a mis hermanos para que secaran mis lágrimas.
El frío recorría mis manos, el cuerpo temblaba
se aceleraron los pulsos, la mirada se perdía en el infinito
me introduje en un laberinto de luz,
allí vi, por última vez, a la mariposa
y estaba triste,
abandoné a mi madre, mi padre lloraría mi partida
pero tu manto de reina, de diosa me cubre ahora.
No era mi tiempo, pero siento que cumplí la misión
así me lo han hecho saber
ahora no lamentes mi partida
invoca mi presencia
siente en la brisa las caricias que mis manos han guardado para ti.
No pierdas la Fe, no la culpes, ella estaba siempre conmigo
es mi partida, te veo,
dibujo con mis manos que no te alcanzan, el suave rostro que siempre adoré
ahora sé que te pintaron distinto, pero eres tú
eres mi Madre, a quien siempre llamé.
Protege a los que dejé atrás,
no los culpes si te ofenden, si te olvidan
el dolor pasa, la amarga experiencia de aquella tarde
quedará en el olvido
Yo estaré siempre.
Y así fue, los pájaros volaron altos, raudos y desesperados
sólo se escuchó un grito,
mi oración, que siempre me acompañó sirvió de escudo
aquel medio sembró mi partida.
Aquella tarde se puso Negra.
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